Seguro que quienes hayan podido seguir con cierta distancia el encuentro entre los dirigentes del Pasok (Partido Socialista), de Nueva Democracia (ND, derecha) y de la Coalición de la Izquierda Radical Syriza, el domingo 13 de mayo, y que conozcan las verdaderas motivaciones de cada uno de ellos, se mondaron de la risa.

La historia tenía claramente el carácter divertido de una obra de teatro, con un humor grosero, si bien el encuentro se suponía que era crucial y dramático: se trataba de las negociaciones entre los tres dirigentes alrededor del presidente de la República [Karolos Papoulias] para determinar si era posible formar un Gobierno de coalición con ciertos partidos, o si el país tenía que optar por convocar nuevas elecciones legislativas en junio.

La finalidad de algunos políticos está más que clara. Se trata ante todo de una cuestión de interés personal. Y unas elecciones podrían hacer olvidar o borrar el resultado electoral de su partido.

Veamos qué quiere cada uno: Antonis Samaras, el jefe de Nueva Democracia, quiere evitar las elecciones a toda costa. Está obsesionado con una estimación errónea en el resultado del ND en la elecciones del 6 de mayo [18,85%], que han acabado con su futuro político, en lugar de proporcionarle una mayoría, como deseaba Samaras. ND obtuvo el resultado más bajo de su historia. Con este resultado, Samaras tendría que haber sido depuesto como líder, si no hubiera existido la posibilidad de integrar al partido en un Gobierno de coalición y si no hubiera habido la posibilidad de convocar nuevas elecciones en un mes.

A pesar de su resultado ridículo, ND en cualquier caso se situó en cabeza, con un número de diputados dos veces superior a lo que tendría que haber obtenido [108 diputados de 300, gracias a la bonificación de 50 diputados concedidos por ley al partido que se colocara en cabeza]. Pero si se convocan nuevas elecciones, el Syriza será sin duda el primer partido y se llevaría esta bonificación. Esto significa que el ND perderá de 50 a 60 escaños. Si es así, Antonis Samaras tendrá que dejar el partido rápidamente si quiere evitar que le devoren los pretendientes a su puesto.

Resultado histórico

Evangelos Venizelos se encuentra en la misma situación. El Pasok está desconectado, es presa de divisiones internas y está en vías de desaparición de la escena política, tras obtener el 13,18% [y 41 diputados] el 6 de mayo. Por lo tanto, su presidente intenta poner orden. Si no participa en un próximo Gobierno, a Venizelos le espera el mismo futuro que a Samaras. Por ello hará todo lo posible para formar un Gobierno y evitar que le dejen fuera.

En el extremo opuesto se encuentran Alexis Tsipras y el Syriza [que obtuvo el 16,78% de los votos y 52 diputados el 6 de mayo]. Con la gran oleada que impulsa a este partido, ya que representa a la corriente contra el memorándum [el documento firmado por el Gobierno griego con la troika UE-BCE-FMI sobre las medidas de ahorro y las reformas que deben adoptar a cambio de la ayuda financiera], le interesa que se convoquen nuevas elecciones, porque podría llegar a obtener 120 o 130 escaños, un resultado histórico para la izquierda. Por ello ha decidido no apoyar a los partidos tradicionales.

Si somos serios, debemos admitir que Alex Tsipras no tiene ningún interés en participar en un Gobierno con Nueva Democracia y el Pasok, que cuentan conjuntamente con 149 escaños [la mayoría en el Parlamento es de 151 escaños] y que si lo hiciera, perdería toda credibilidad ante los griegos.

Por lo tanto, la única esperanza se encuentra en Fotis Kouvelis, de la Izquierda Democrática. Pero no ha logrado convencer a Tsipras. Si finalmente Kouvelis acepta unirse al Pasok y al ND, tendrían en total 168 escaños, pero sólo contarían con el apoyo del 38% de los griegos...