Trascurridos únicamente tres meses desde que asumiera su cargo como alta representante de Política Exterior de la Unión Europea ya se cuestiona si Catherine Ashton está abocada al fracaso. “El descontento caldeado” que suscitaba su actuación se ha “tornado en una crítica categórica”, anuncia The Times. Según el diario londinense, la autora del primer “ataque” ha sido Francia —que “quería un ministro de Asuntos Exteriores firme”—, pero no ha tardado en propagarse por todo el continente.

Parece ser que los responsables europeos están indignados con que no asistiera a la reunión que mantuvieron los ministros europeos de Defensa con el secretario general de la OTAN en Mallorca el pasado 25 de febrero (en su lugar, se encontraba en Ucrania con motivo de la toma de posesión del presidente Yanúkovich). Hervé Morin, ministro de Defensa francés, marcó el tono: “¿No es paradójico que esta mañana, para hacer gala de los vínculos entre la OTAN y la UE, estuviera presente el secretario general de la OTAN [Anders Fogh Rasmussen] y no la alta representante en la primera reunión celebrada desde la entrada en vigor del Tratado de Lisboa?” Pronto le secundaron Jack de Vries, su homólogo neerlandés, quien bromeó en Twitter con que la “Señora Ashton brilló por su ausencia", y Carme Chacón, quien “lamentó la ausencia de Ashton”.

"Una política de tercera división"

Para el diario londinense, la disputa deja al descubierto las tensiones entre lady Ashton y las otras dos principales figuras de la Unión, los presidentes del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, y de la Comisión Europea, José Manuel Barroso. Según algunas fuentes, cualquiera de los dos “podría haber representado a la UE en Ucrania”. Llegado el momento de la verdad, el Tratado de Lisboa, que supuestamente debería haber simplificado la jerarquía institucional, ha generado una estructura confusa con “tres campos que compiten entre sí por acaparar poder e influencia.”

Tres meses después de que Ashton asumiera su nuevo trabajo, los elogios y cumplidos con respecto a su labor son escasos. El eurodiputado Zbigniew Ziobro declaró al diario Rzeczposplita que “Se designó a un político de tercera división al puesto de Alto Representante de la UE con el propósito de mantener la posición dominante de las grandes potencias en la UE. Berlín, París, Roma y Londres quieren seguir sus propias agendas nacionales.”

Piotr Kaczynski, un experto en el Centro de Estudios de Políticas Europeas, añadió otras observaciones mordaces con respecto a Ashton en el diario polaco Zycie Warszawy: “Ella es una persona pasiva. Por lo que se refiere a Haití (terremoto) y a Bielorrusia (persecución de las minorías polacas), los Estados miembros han tenido que presionarla”. El diarioEl País recuerda a sus lectores el reciente “golpe de mano” que ha hecho José Manuel Barroso al nombrar a su antiguo jefe de gabinete Joao Vale de Almeida embajador de la UE en Washington. En Bruselas, esto se interpreta "como una imposición por parte de Barroso a la débil Ashton, lo que ella desmiente”.

La UE, un club "cerrado"

La única voz que discrepa es el diario De Volksrant, que con respecto al bochorno de Haití de Lady Ashton, el diario sugiere que fue Naciones Unidas quien la disuadió de ir a Haití. En cuanto a De Almeida, el diario holandés transmite la reivindicación del Alto Representante de que “los nuevos reglamentos de nominaciones aún no están asentados y el puesto estaba vacante desde noviembre. Era por lo tanto necesario actuar con rapidez.” De Volkskrant cita una fuente diplomática que se muestra optimista con las posibilidades de que Ashton consiga crear una “diplomacia europea”. Un reto por excelencia –“Todas las críticas dirigidas hacia su persona se desvanecerán si consigue llevarlo a cabo.

Del otro lado del Atlántico, el semanario Time se pregunta “Adónde ha ido Europa”. En un artículo jocoso intitulado “ La increíble Europa que encoge”, el diario lamenta los mecanismos creados por el Tratado de Lisboa, los cuales parecen una parodia de todo lo que no funciona en EEUU, a saber una burocracia complicada que se sustenta en las opciones que resultan menos malas y que parecen promover la lucha de poder en vez de la acción”.

“Pídale a Catherine Ashton que defina los ideales de Europa”, prosigue, “y sus aspiraciones distan mucho de ser modestas: “Democracia, Derechos Humanos” son su respuesta. “Deseamos ver naciones estables y seguras, con quienes mantener un diálogo político y buenas relaciones económicas”. Europa tienen razón en querer pensar a lo grande, tanto por su propio bien como por el bien de los demás. El resto del mundo agradecería una voz europea más fuerte.” Por desgracia, añade el diario Time, “si Europa quiere hacer realidad sus sueños y los sueños de los demás, tendrá que cambiar su forma de trabajar. Si actuasen como un verdadero bloque unido tendría mucha más influencia. Un directivo del gobierno asiático describe, con evidente exasperación, como en las cumbres internacionales los líderes europeos no paran de hablar entre ellos. “Les gusta mucho asociarse en pequeños clubes”, afirma, pero eso no es ningún cumplido”. Al final, destaca el diario Times, “los dirigentes de la UE ya no pueden evitar la gran pregunta: ¿Es una política exterior común lo que sus Estados miembros –y sus electores nacionales- realmente quieren?”