Para Almere y La Haya, el resultado de las elecciones municipales del 3 de marzo constituye una conmoción política. En las dos ciudades en las que se ha presentado, el PVV (Para por la Libertad) del populista Geert Wilders, que participaba por primera vez en este tipo de escrutinio, se ha consolidado de la noche a la mañana como un nuevo actor ineludible: en Almere es el primer partido, en La Haya el segundo. Evidentemente, este resultado era de esperar, pero ha cambiado el reparto de la política holandesa.

Hasta ahora, el PVV se había presentado como un partido que multiplicaba las declaraciones atronadoras, pero que se interesaba poco por la responsabilidad administrativa. Se sabe de antemano que muchas de sus propuestas, como prohibir o gravar el velo, resultan imposibles de aplicar en los Países Bajos. Pero ahora que es susceptible de participar en el gobierno de estas dos ciudades, la gran cuestión que se plantea es la de saber si el PVV se quedará al margen o si asumirá responsabilidades al seno del sistema político actual. En tal caso, deberá enfrentarse a cuestiones tan poco atractivas como la aplicación de las políticas anunciadas y tomar elecciones pragmáticas. A medida que un partido va adquiriendo importancia, su credibilidad es infaliblemente puesta a prueba.

Lejos de una estrategia valiente

A menudo se dice que el PVV crea una realidad que no existe, pero a ojos de sus electores, denuncia en cualquier caso una realidad de la que ellos manifiestamente no son partidarios. Almere no cuenta con muchos habitantes musulmanes, pero ello no impidió que los electores del PVV votaran a favor de un partido islamófobo. Aparentemente, se imaginan un futuro sombrío o parecido a lo que habían conocido antes de mudarse a esta ciudad nueva.

También se le ha reprochado a Wilders el haber tomado la decisión estratégica de presentar su partido a las municipales en sólo esas dos ciudades. Una decisión poco valiente, pero que sus seguidores aceptan. De hecho, la mayor parte de los demás partidos no se presenta en todas las ciudades. Para Roterdam, Wilders sugirió a sus seguidores que votaran por el partido populista Leedbaar Rotterdam, que registró una progresión y que ha demostrado que no se echa atrás ante la responsabilidad del gobierno.

Una participación escasa

Tras el éxito obtenido en las elecciones al Parlamento Europeo el pasado mes de junio y en las elecciones locales del 3 de marzo, la cuestión que dominará las elecciones nacionales del 9 de junio es la siguiente: ¿cuál será realmente la importancia del PVV? En las elecciones municipales, el comportamiento de los electores difiere a menudo del de las elecciones legislativas. En efecto, la participación ha sido escasa (56%) y puede que la voz de esta protesta en las urnas sólo se haga escuchar plenamente el 9 de junio. Más allá de la importancia del PVV, la cuestión que se plantea es la elasticidad del sistema política holandés: con su tradición de gobiernos de coaliciones, ¿cómo podría este país plantarle cara a un PVV que representaría el tercer, o incluso el primer partido? La única respuesta posible es que así habrá que hacerlo, pues no disponemos de un sistema mejor.