Los agoreros se frotan las manos, convencidos de que están a punto de ganar la partida. La posibilidad que estremecía por igual en las calles de Madrid y en los despachos de Berlín —que un gran país de la UE solicite ayuda al fondo de rescate— parece cada vez más cercana. El presidente Mariano Rajoy negó este lunes por enésima vez que los bancos españoles vayan a necesitar un salvamento externo, pero el agujero de Bankia empuja al país un poquito más hacia al abismo.

Ya antes de que se supiera que el Estado iba a tener que inyectar 19.000 millones de euros adicionales en Bankia, varios expertos avisaban de la necesidad de que, por doloroso que fuera, el Gobierno pidiera dinero al exterior para recapitalizar a sus entidades financieras.

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