En las elecciones municipales de Italia, el Movimiento Cinco Estrellas, fundado en 2009 por el humorista Beppe Grillo, conquistó una ciudad importante a finales de mayo: Parma. En el programa del partido figuran la salida del euro y la vuelta a la lira.

La fuerza de atracción de este movimiento reside sobre todo en su propaganda antisistema, su crítica, no sin fundamentos, hacia una clase política incapaz de renovarse, así como su fuerte presencia en Internet. Pero no resulta menos impresionante constatar hasta qué punto el primer partido que se ha declarado antieuropeo sigue conquistando a sectores cada vez más grandes del electorado.

Estos votantes proceden principalmente del centro derecha, que va menguando bajo los efectos combinados de la salida de escena de Silvio Berlusconi y los escándalos que han arrastrado a la Liga Norte. Pero Beppe Grillo también convence a la izquierda y a los jóvenes, entre los que es muy popular.

Un sondeo del Institut SWG publicado el 28 de mayo atribuye al Movimiento Cinco Estrellas el 17 % en intención de voto en las elecciones nacionales de 2013. Esto le situaría como el segundo partido italiano tras el Partido Democrático (de izquierda, con un 24 %) y por delante del Pueblo de la Libertad (la derecha berlusconiana, con un 16 %). Su programa en contra del euro se hace eco peligrosamente del clima euroescéptico que se va afianzando en el país.

En el primer informe anual del Eurobarómetro presentado en marzo, el 34 % de los italianos se declaran insatisfechos con las medidas adoptadas hasta ahora por la Unión Europea para salir de la crisis, un porcentaje mucho mayor que en el resto de Europa.

“Los italianos siempre han estado a favor del euro”

Y el 20 %, el índice más alto entre los socios del Viejo Continente, declaró que nunca buscaba información sobre Europa, probablemente por la gran cobertura que ofrecen los diarios y los medios de comunicación sobre la crisis. La paradoja es que, al mismo tiempo, el 74 % de los italianos consideran que no están lo suficientemente informados sobre lo que ocurre en Europa.

Este ambiente no concuerda con la importante tradición proeuropea de Italia. Lucrezia Reichlin imparte clases en la London Business School, pero durante años trabajó en una de las instituciones de la Unión más importantes, el Banco Central Europeo (BCE), tras haber estudiado en Italia y en Nueva York.

"Los italianos siempre han estado a favor del euro", señala. Cuando dirigía el departamento de investigación del BCE, en la Eurotower de Fráncfort, con frecuencia llegaban a su oficia sondeos sobre los sentimientos de los europeos con respecto a la Unión. Italia era uno de los países más convencidos.

"Sin embargo", matiza Lucrezia Reichlin, "parece que el entusiasmo ha disminuido considerablemente. Es un poco como lo que les ha sucedido a los griegos. Históricamente, tanto en Italia como en Grecia, los ciudadanos siempre han desconfiado en gran medida de sus Gobiernos". En su opinión, de esta desconfianza histórica "surgió la esperanza de que al entrar en la Unión Europea, se iban a heredar algunas de las virtudes de los países dotados con mejores instituciones".

Esta opinión la comparte otro especialista sobre cuestiones europeas, Paolo Guerrieri, profesor de economía en el Colegio de Europa de Brujas, en Bélgica. Él define la relación de los italianos con Europa como un "anclaje no antagonista, sino complementario para el refuerzo de la identidad nacional".

Un centro derecha huérfano

Sin embargo, con la crisis y sobre todo con los enormes sacrificios impuestos por la austeridad, la actitud hacia Europa se ha vuelto hostil. Se trata de un cambio que Beppe Grillo no ha sido el único en constatar. El Partido Democrático es el último que defiende con convicción la pertenencia a la eurozona. En los periódicos de derecha, tienen gran éxito las consignas de tono agresivo hacia la Unión Europea y la moneda única. Y Libero, el diario de referencia para los partidarios de Silvio Berlusconi, recalca, basándose en sondeos, que más del 60 % de los italianos ahora están en contra del euro.

Es cierto que la Liga Norte, el partido tradicionalmente más euroescéptico, está demasiado ocupado intentando extirparse el escándalo de las financiaciones públicas que ha derribado a la familia de su fundador, Umberto Bossi, y que amenaza con arrastrar al propio partido. Pero durante el último decenio, la coalición de Silvio Berlusconi siempre mantuvo unas relaciones ambiguas con Europa.

Si bien el exministro de Economía Giulio Tremonti fue uno de los artífices de la reforma que desembocó en la flexibilidad de las reglas sobre el déficit a comienzos de la década de 2000, también fue el Gobierno de centro-derecha el que, cuando entró en vigor la moneda única, decidió suspender la norma de mostrar los precios en euros y en liras en las etiquetas. Todo un regalo para los comerciantes, el núcleo duro del electorado del partido de Berlusconi. Una decisión que perjudicó a los consumidores.

Nadie ha dicho que la campaña electoral de 2013 vaya a estar exenta de gritos y de polémicas, sobre todo con un centro derecha que se ha quedado huérfano sin Berlusconi y ahora está afectado por la hemorragia de su electorado euroescéptico. Y más ahora que el país no logra recuperarse de una crisis agravada por la austeridad y que el populismo en contra del euro de Beppe Grillo se ha convertido evidentemente en un imán de votos.