La baronesa Ashton, máxima representante de la política exterior de la Unión Europea, repartió unos cuantos saludos durante su viaje de esta semana a Israel y la franja de Gaza. También debería aprovechar la oportunidad para reequilibrar el desafortunado posicionamiento de la Unión Europa en el proceso de paz de Oriente Medio. En caso contrario, su visita habrá sido una pérdida de tiempo. Buena parte del debate se ha centrado en la falta de influencia de la UE sobre Israel. El año pasado la UE congeló las conversaciones relativas a una asociación más estrecha con Israel y cambió de posición en cuestiones como el estatus de Jerusalén, adoptando un enfoque más favorable a los palestinos.La negativa israelí a detener la construcción de asentamientos sugiere que estas medidas han tenido escaso impacto.

La afirmación del ministro de Asuntos Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, de que la presidencia española en la UE daría un impulso diplomático crucial para acercar el proceso de paz a una solución definitiva no parece más que una bravata. Donde sí cuenta realmente la influencia europea es en el apoyo ofrecido a Palestina para el desarrollo de sus instituciones. La UE es desde hace tiempo el mayor donante de fondos a los territorios ocupados, y ha vertido miles de millones de euros para apoyar el desarrollo de las instituciones del proto-Estado palestino. Lamentablemente, la manera en la que se han repartido estas ayudas no ha hecho más que acentuar la desunión palestina.

La ayuda ha aumentado desde la victoria de Hamás

Desde que el gobierno de Hamás ganara las elecciones hace cuatro años, la ayuda europea a los territorios ocupados ha aumentado de forma considerable. Paradójicamente, la financiación total europea casi se duplicó en los 12 meses posteriores a la victoria electoral de Hamás. Puesto que la UE se niega a tratar con esta organización, ahora confinada en Gaza, estos fondos van dirigidos a instituciones que se encuentran bajo la tutela de Fatah en Cisjordania. Por otro lado, el destino de estas ayudas ha pasado de las reformas gubernamentales a largo plazo a la asistencia de emergencia a corto plazo. Su distribución se ha vuelto cada vez menos clara, en contradicción con las demandas europeas que claman mayor transparencia en el bando palestino. Unas mejores prácticas de gobierno hubieran frenado la división entre Fatah y Hamás, pues esta última se alzó con el poder gracias al descontento popular generado por la corrupción de Fatah.

Sin embargo, la UE no ha hecho más que promover este mismo nepotismo y control político centralizado. Sin dejar de hablar de “reformas políticas” para referirse a su labor, la Unión ha diseñado estas medidas con el objetivo de apoyar a un líder ostensiblemente moderado, el presidente Mahmoud Abbas. La misión de la UE en apoyo de la policía de Cisjordania ha reforzado los cuerpos de seguridad de Fatah frente a los cuerpos que se hallan bajo el control de Hamás. La misión incluye formalmente pautas en materia de derechos humanos y control de legalidad, pero en la práctica ha consistido en equipar a las fuerzas de Fatah en su batalla por la supremacía contra Hamás. Esta clase de intentos por derrotar a Hamás bajo la bandera de la reforma política no puede servir más que para agudizar las divisiones existentes entre los palestinos.

Reorientar la ayuda hacia organizaciones de base

El coste de esta estrategia sesgada de la UE ha comenzado a hacerse evidente. Se pusieron muchas esperanzas en un líder que ahora corre el riesgo de no salir reelegido. La UE apoyó incluso la decisión de Abbas de retrasar las elecciones el año pasado, y ha sido incapaz de establecer una ruta clara hacia un gobierno de unidad palestino. Por otro lado, los Estados de la UE siguen sin ponerse de acuerdo sobre cuán duras deberían ser las condiciones impuestas a los miembros de Hamás para formar parte de dicho gobierno. Los diplomáticos europeos admiten en privado que se han metido ellos mismos en un callejón sin salida tras las elecciones del 2006 al limitarse a tratar con una parte del espectro político palestino. El inicio de una nueva fase en el ciclo electoral ofrece otra oportunidad para que la UE salga de él.

Lady Asthon puede dar ahora un primer paso en esta dirección: el escaso apoyo diplomático que se ha dado estos últimos años a quienes dirigen los programas de ayuda de la UE sobre el terreno ha resultado un error grave: sólo hace falta ver la moribunda misión de control de las fronteras, que sigue esperando a kilómetros de distancia del cruce de Rafah. Por sí sola, la unidad de gobierno no sería la solución a todos los males palestinos. No se trata de llegar a un conjunto opaco de transacciones secretas entre los líderes de Fatah y Hamás, sino de emprender una política más activa y abierta. Los donantes europeos deberían arrebatarles las ayudas a las irresponsables élites que controlan la situación tanto en el bando de Fatah como en el de Hamás. Se trata de promover la capacidad democrática de la sociedad palestina, mediante la reorientación de la ayuda hacia organizaciones de base. Sólo una política de este tipo podría dar a los ciudadanos el sentimiento de propiedad y el incentivo necesarios para superar el faccionalismo, como primer paso necesario para negociar los términos de un acuerdo con Israel.