Otra semana de infarto, ante los persistentes rumores sobre una inminente petición a Bruselas de rescate para los bancos españoles, filtración desmentida por el Gobierno a la espera de las auditorías que requirió. Pero en esta ocasión, el suspense no vino acompañado de nuevos desplomes bursátiles sino con alzas preventivas de un 8% que descontaban por anticipado la próxima resolución de la crisis de Bankia. Como así ocurrió, cuando en la tarde del sábado De Guindos anunció que el Eurogrupo aceptaba la antes desmentida petición española de rescate bancario. De modo que lo que aquella calma bursátil parecía anunciar era que nos hallábamos no al borde del precipicio ni tampoco al final del túnel, sino en el ojo mismo del huracán.

En efecto, el rescate español se produce cuando atravesamos el corazón de la tempestad desatada por la crisis del euro, justo antes de que se alcance el clímax de las elecciones griegas que podrían significar la desintegración de la eurozona.

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