Un diamantista amberino resume la situación de la siguiente manera: “Los diamantistas indios tienen una importancia económica inmensa. Su avance está siendo arrollador. En los últimos seis o siete años, han barrido por completo a los judíos del terreno”. Según cifras oficiales, en la actualidad, en torno al 80% del comercio de diamantes está en manos indias. Freddy Hanard, presidente-director general del Antwerp World Diamond Center, institución portavoz del sector, calcula que su cuota asciende al 60-70%, una cifra considerable, habida cuenta de que se reparte entre 300 a 400 familias indias, que también dirigen las empresas más importantes del sector. El año pasado, registró un volumen de negocio de 22.000 millones de euros. No hace falta ser un genio para saber que el indio medio que se dedica en Amberes al comercio de diamantes es muy pudiente.

Una boda de 16 millones de euros

La mayoría de los diamantistas indios vive en el barrio que rodea el parque Den Brandt, en Wilrijk, conocido en Amberes como Little Bombay. O Beverly Hills, porque las dimensiones de las casas de la zona son más bien descomunales. Además, casi ninguno tuvo que empezar de cero cuando llegó a la ciudad. Sus familias tenían de antemano talleres de diamantes en la India que ya les habían reportado cantidades de dinero nada desdeñables. A finales de la década de los 50, comenzaron su diáspora mundial. La filosofía que subyacía a la conquista de Amberes era echar la mano a toda la cadena diamantista. Por su parte, el entrelazado de los vínculos que unen a las distintas familias diamantistas tiene también mucho que ver en la creciente cuota de mercado de este colectivo.

Desde hace varias décadas, los hijos de las familias indias de la ciudad se casan entre sí, lo que, poco a poco, se va traduciendo en la conexión de un modo u otro de prácticamente todos ellos. Paso a paso, el imperio va expandiéndose. Como no podía ser de otra manera, los matrimonios van acompañados de la fastuosidad de rigor, aunque las nupcias de los dos descendientes de la familia de diamantistas Sha, toda una leyenda en Amberes, son insuperables. En 2002, Vijay Shah, el patriarca, organizó una fiesta cuyo coste se calcula ascendió a 16 millones de euros. Transformó el hall de exposiciones Nekkerhal de Malinas en un templo indio donde 4.000 invitados sucumbieron a cuatro días de festejo. Sin embargo, aquello fue una extravagancia aislada hasta para esta comunidad. Precisamente, los diamantistas de origen indio son famosos en Amberes por su sobriedad.

Diamantista, un oficio compatible con el jainismo

Los diamantistas indios de la ciudad no sólo tienen en común su origen, sino también su religión: la gran mayoría practica el jainismo. El principio supremo de los jainistas es la no violencia absoluta. No sólo son vegetarianos, sino que tampoco comen legumbres o frutos cuyas raíces crezcan bajo tierra. Literalmente no matan ni a una mosca, lo que hace que las acusaciones de tráfico de diamantes de guerra sean tan intolerables. "El que tantos jainistas sean diamantistas no es, por otra parte, casualidad", explica Chris de Lauwer, del Museo Etnográfico de Amberes, quien imparte cursos sobre esta fe.

“Debido a las restricciones que les impone su religión, en particular la de la no violencia total, muchas profesiones quedan descartadas. Adiós a la agricultura, olvídese del ejército y ni hablar de la tala de árboles... Así pues, muchos son banqueros o diamantistas.” Según De Lauwer, contar con un sólido patrimonio no es incompatible con los principios del jainismo. "El desafío yace siempre en ser capaz de renunciar a estas posesiones. Conozco a muchos diamantistas indios inmensamente ricos, pero también conozco a otros dos que les han cedido su empresa a sus hijos y que ahora son monjes errantes que viven en la India, cuya única pertenencia es su hábito.”