La extrema derecha en Europa / 3: La Liga Norte: unos "buenos chicos"

Umberto Bossi, ministro de Reformas Institucionales y líder de la Liga Norte en uno de sus gestos típicos ante sus compatriotas del sur. Foto: You Blob/Flickr
Umberto Bossi, ministro de Reformas Institucionales y líder de la Liga Norte en uno de sus gestos típicos ante sus compatriotas del sur. Foto: You Blob/Flickr
26 marzo 2010 – Le Monde (Paris)

Fundada a finales de los años ochenta como un movimiento de protesta contra los abusos de los partidos políticos “romanos”, el movimiento de Umberto Bossi es hoy el aliado más sólido de Silvio Berlusconi en el gobierno. Tras pasar de menos del 4% en el 2001 a más del 10% en las recientes elecciones europeas, confirmará posiblemente su tendencia a alza en las elecciones regionales de los días 28-29 de marzo.

Es sólo cuestión de días: el 29 de marzo, en la noche del segundo día de escrutinio de las elecciones regionales, el partido populista y anti-inmigrantes de la Liga Norte presidirá la región del Véneto. Toda una primicia para esta formación nacida hace veinticinco años bajo la mirada burlona de los políticos tradicionales y que hoy controla 350 municipios y 14 provincias al norte del Po.

Bienvenidos a "la tierra de Zaia"

Los sondeos dan a la lista de la derecha (la Liga del Pueblo de la Libertad), liderada por el ministro de Agricultura, Luca Zaia, entre 10 y 12 puntos de ventaja sobre su adversario de centro-izquierda. “Estoy en la posición de un equipo de fútbol que gana por 5-0. Mi reto consiste en no cometer errores”, explica el ministro en el vehículo que le llevaba aquel día a Conigliano, su localidad natal en la provincia de Treviso, Padua, donde debía participar en un debate. ¿La campaña? M. Zaia no le dedica más de dos días por semana, y nunca el domingo: “La familia es sagrada”, dice. Y también sus caballos, que cuida con esmero. ¿De qué sirven los mítines y los apretones de manos? Todo el mundo conoce a la Liga aquí. Se ha implantado de forma metódica, bajo un lema simple y eficaz: el norte primero y fuera todo lo que pueda amenazar su identidad.

Miles de pequeños emprendedores cansados de ver sus impuestos “dilapidados” para ayudar a los terroni (“los campesinos del sur”), empleados temerosos de que los inmigrantes les roben sus puestos de trabajo, agricultores y viticultores indignados con los puntillosos reglamentos de Bruselas, artesanos inquietos por la competencia de China y de los países emergentes: todos han caído en su hechizo. Elección tras elección, la Liga empezó por ganar terreno a la izquierda y terminó por hacer la competencia —y luego superar— a su aliado el Pueblo de la Libertad (PDL, de derechas). “Esto es Tierra Zaia”, dice con entusiasmo un partidario del ministro.

Un discurso "glocal": global y local

A sus 43 años, con el pelo engominado, enfundado en un traje negro muy ajustado, M. Zaia representa a la nueva generación legista. Sólo un discreto pañuelo verde (el color que simboliza al partido) que despunta un poco en su americana indica su afiliación. Deja para otros los discursos xenófobos que constituyen la identidad del partido, las referencias a los inmigrantes que habría que “lanzar al mar, los minaretes” que “desnaturalizan los bellos paisajes del Véneto”, o los insultos al cardenal de Milán, tachado de “imam” porque predica la acogida. Nadie le verá silbar el himno nacional, ni promover “rondas ciudadanas” o apoyar operaciones de denuncia de clandestinos. Al menos no abiertamente. Aprovechando su posición de ministro de Agricultura, se ha promovido a defensor de la “identidad”. Más políticamente correcto que el brutal discurso de rechazo del otro del que se encargan los otros tres ministros de la Liga en el gobierno, esta idea le ha permitido realizar una campaña eficaz para la promoción de los productos made in Véneto.

“Los temas tradicionales de la Liga, como la lucha contra la inmigración y la seguridad, son subapartados del tema general de la identidad del territorio”, explica el politólogo Stefano Bruno Galli. “Al ser más genérica, esta problemática puede seducir desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda. La Liga ha comprendido antes que todos que el fin de las ideologías y la crisis del Estado iban a llevar a una territorialización del voto. Poco a poco, el partido se ha convertido en una agencia territorial donde confluyen los intereses locales.” “La Liga ha terminado por elaborar un discurso donde la seguridad del territorio y la defensa de las tradiciones aparecen como un refugio frente a la inseguridad del mundo”, subraya por su lado Ilvo Diamanti, un profesor de ciencias políticas en la Universidad de Urbino.

La página web del ministro candidato usa y abusa de este tema. “El Véneto primero”, se lee desde el primer clic. ¿Su primera decisión cuando sea gobernador?: “Aplicar inmediatamente el federalismo. Tenemos mil años de historia, estamos listos para convertirnos en el laboratorio de la autonomía. Podemos gestionar competencias nuevas como la educación, el agua, la energía”, explica M. Zaia, a la vez que insiste en que “la región da 90.000 euros en impuestos al Estado y recibe muy poco a cambio”. ¿Repliegue temeroso? “En absoluto”, asegura el ministro, “no pensamos encerrarnos en nosotros mismos. Hay que ser ‘glocal’: global y local.” ¿Y los inmigrantes, recibirán mejor o peor trato si Luca Zaia se convierte en presidente de la región? “Yo no estoy en contra de los inmigrantes, sino en contra de los guetos. Por otro lado, hasta la Iglesia ha terminado comprendiendo que somos unos buenos chicos.”

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