Un año después de la visita de Barack Obama a Praga, la capital checa vuelve a recibir al presidente estadounidense. El año pasado llegó para participar en una cumbre con la Unión Europea, organizada por la República Checa, que entonces ocupaba la presidencia de la UE. La visita no se caracterizó por una embarazosa cumbre con los europeos, sino por el discurso de Obama sobre un mundo sin armas nucleares. El presidente estadounidense llega esta semana a Praga para firmar con su homólogo ruso Dimitri Medvedev un tratado sobre reducción de armas nucleares. De este modo, Praga se convierte para Obama en un lugar simbólico. Aquí es donde anunció el programa más ambicioso de su no menos ambiciosa presidencia y también es aquí donde va a dar el primer paso importante hacia su consecución.

El año pasado se trataba de una versión postmoderna del sueño americano, en la que cada uno podía proyectar sus propias esperanzas y expectativas. Este año es una cuestión de política pura y dura, con decisiones que ya se han tomado y que tienen consecuencias muy concretas. Los estadounidenses están concentrados en la reciente implantación de sistema sanitario de cobertura universal. Al resto del mundo le interesa más la nueva estrategia estadounidense en Afganistán, la revisión del proyecto del escudo antimisiles, las tentativas de adoptar una política más equilibrada en Oriente Próximo o los esfuerzos destinados a mejorar las relaciones con Rusia.

El radar americano simbolizaba el anclaje checo en Occidente

La confrontación del sueño y de la realidad ha decepcionado a muchas personas, tanto en Estados Unidos, como en la República Checa y en otros lugares. Muchos atlantistas checos no logran entender que no vayan a instalarse radares en la República Checa. Esta parte del proyecto del escudo antimisiles de Obama se abandonó. Para estas personas, el radar era el símbolo del compromiso estadounidense en Europa Central, una garantía contra la expansión rusa, así como del afianzamiento checo en Occidente. Y reprochan a Obama que dude de la idoneidad de este concepto. Sin una comprensión profunda de los complejos de Europa Central difícilmente se entendería este punto de vista.

Da la impresión de que ni el sistema político checo, ni la adhesión a la Unión Europea y a otras organizaciones por parte de la República checa pudieran garantizar la pertenencia plena de este país a Occidente. Sin embargo, este temor se encuentra muy presente en la República Checa. Y la visita actual de Obama no podrá apaciguarlo. Más bien al contrario. Desde el principio, los atlantistas checos desconfían de esta fraternización con Rusia. Hoy tienen nuevos motivos para desconfiar. ¿A quién se le ha ocurrido organizar este encuentro en Praga? ¿No serán los rusos? ¿Acaso no quieren demostrar así que consideran que la República Checa no pertenece a Occidente, sino que más bien se trata de un territorio situado entre Rusia y Occidente? ¿No les habrá embaucado Obama?

Para el control del arsenal nuclear, queda aún un largo camino

Es mejor admitir que el sueño de que se forjara una relación especial entre Praga y Washington tan sólo era una quimera, por el simple hecho de que en términos de poder, esta relación sería asimétrica. Tan sólo se puede concebir una relación transatlántica equilibrada entre la Unión Europea por un lado, considerada como un todo, y por otro lado, Estados Unidos.

Sin embargo, para la cooperación transatlántica no bastará con garantizar el control de la reducción del arsenal nuclear y dar respuesta a otros desafíos mundiales. Sería un fracaso sin la estrecha colaboración de Rusia, China, India, Brasil y otros actores de primer nivel. La cooperación multilateral tan sólo puede fundamentarse en los intereses de Occidente y en la esperanza de que las demás partes los adopten. Debe basarse en normas compartidas universalmente.

En este sentido, al régimen actual de control del arsenal nuclear aún le queda mucho camino por recorrer. Desde el punto de vista occidental, el principal problema actualmente es el control del programa nuclear iraní. Las demás partes ven las cosas de otro modo. Les importa más que el arsenal nuclear de Estados Unidos o de Rusia siga siendo netamente superior a las armas de destrucción masiva de las demás partes reunidas y que no insistan demasiado sobre su reducción, aunque ya estén siguiendo este proceso. Si estas dos antiguas superpotencias no están realmente decididas a comprometerse con el desarme nuclear, la presión que ejerce Occidente en Irán seguirá careciendo de la legitimidad indispensable. Por ello Obama ha comprendido que para imponer su concepto de un mundo sin armas nucleares, debe comenzar por su propio país. Luego tiene que convencer a Moscú y al Senado de Estados Unidos. Es difícil pronosticar cuál de las dos tareas será la más difícil.