La primera paradoja: Katyn, a partir del 10 de abril de 2010, tanto para el mundo occidental como para los rusos, dejará de ser un sonido vacío y una obsesión polaca en contra de los rusos. Con esta catástrofe, quedará grabada en la memoria colectiva la verdad sobre los crímenes de Stalin cometidos hace 70 años contra 22.000 oficiales polacos. Recordemos que durante la IIª Guerra Mundial, los Aliados, por miedo a contrariar a Moscú, dejaron que la propaganda soviética proclamase que la exterminación de la élite polaca en Katyn, Ostachkov y Mednoye había sido obra de los nazis. Por lo tanto, se espera que se muestre abiertamente la verdad, condición indispensable para cualquier tipo de reconciliación.

La segunda paradoja: la reacción de Rusia y los rusos ante la muerte trágica del presidente polaco, de numerosos dignatarios estatales y de todo el mando superior del ejército polaco de camino a Katyn, constituye una ocasión única, aunque traumática, para que se produzca una auténtica reconciliación entre polacos y rusos, un poco a imagen y semejanza del acercamiento franco-alemán entre Charles de Gaulle y Konrad Adenauer. Hoy, Rusia llora con todos nosotros. Los polacos observan con asombro los signos procedentes de Rusia: el primer ministro Vladimir Putin condena el crimen soviético de Katyn; junto al primer ministro Donald Tusk se inclina sobre las tumbas de las víctimas; tras la catástrofe, el presidente Dmitri Medvedev dirige un mensaje solemne a la nación polaca y luego declara el luto nacional tras la muerte de un ciudadano de otro país, un hecho que nunca había ocurrido antes.

Por último, el primer ministro Putin llega al lugar del accidente, asume la dirección de una comisión de investigación y realiza un gesto amable de consuelo al primer ministro Donald Tusk a su llegada. Al día siguiente, vuelve a Smolensk para mostrar sus respetos ante el ataúd del presidente polaco. La televisión nacional rusa difunde en su mejor franja horaria la película Katyn de Andrzej Wajda, que sin duda agita las conciencias rusas. La embajada de Polonia en Moscú queda cubierta con miles de flores. Rusia se abre ante Polonia, pero también ante sí misma, ante su historia y el ajuste de cuentas con el estalinismo, que dejó un rastro de decenas de millones de víctimas entre los mismos rusos y entre otras naciones de la antigua Unión Soviética. Si se diera el caso de que las dos naciones no se perdonasen, ¿llegarían a hacerlo algún día? Esta perspectiva ya no es posible. No podemos desaprovechar esta oportunidad.

La tercera paradoja: la joven democracia polaca y el joven Estado polaco independiente han sufrido un gran golpe, pero se volverán a levantar rápidamente. Los polacos demuestran hoy que son un pueblo maduro para asumir la libertad. La Plataforma Cívica en el poder y el presidente provisional Bronisław Komorowski, ante la necesidad de ocupar los principales puestos vacantes del poder, no deben actuar con una lógica partisana, sino con el espíritu de reconciliación nacional. La Plataforma no debe ceder a la tentación mediocre del triunfalismo que ha planteado la tragedia del destino.

Hoy es realmente difícil vaticinar qué impacto tendrá esta catástrofe en las elecciones y en la forma que adoptará la escena política. De lo que sí estoy seguro es que los polacos deben aprobar el difícil examen al que se enfrentan hoy.