La noche del domingo al lunes, los ministros de finanzas europeos aprobaron un plan de rescate destinado a garantizar el sostenimiento de las finanzas de la Unión. En total, 750.000 millones de euros. El paquete incluye tanto ayudas financieras directas como avales.

Lo más increíble es que el Banco Central Europeo (BCE) va a comenzar a comprar deuda soberana, un paso sin precedentes. Es curioso, por lo demás, que Europa recurra en 2010 más o menos a la misma solución que los americanos adoptaron en otoño de 2008 [un plan de 700.000 millones de dólares para la recompra de los títulos tóxicos contratados por los bancos].

En cualquier caso, puede decirse que se han sentado las bases para una mayor integración económica. A partir da ahora, Bruselas y Frankfurt [sede del BCE] podrán inmiscuirse más que nunca en los asuntos económicos y presupuestarios de los Estados miembros. La medida adoptada el 9 de mayo es una medida ad hoc: ahora se tendrá que pasar a la etapa siguiente y dar a esta nueva situación un marco político.

Por ejemplo: en el futuro, tanto los presupuestos estatales como los aumentos y las reducciones de impuestos van a tener que ser aprobados por Bruselas. Si un Estado quiere aumentar las pensiones o los sueldos de los docentes, tendrá que obtener el acuerdo de la Comisión. Por último, también habrá una cooperación más intensa en materia de reformas.

El fin del Estado asistencial

Si un Estado no respeta las reglas, se verá privado de las subvenciones europeas. O bien, como sugirió Angela Merkel, los Estados que no respeten los criterios del euro en materia de déficit presupuestario serán privados del derecho al voto en asuntos europeos. Hay que decir que actualmente este criterio sólo lo cumplen Estonia, Luxemburgo y Finlandia. ¡Una perspectiva bien divertida, la de ver a tres enanos dirigiendo Europa!

Las nuevas reglas se encuentran aún en una fase de estudio. No sabemos aún exactamente cuál será la realidad política. Cada vez es más urgente, sin embargo, introducir mecanismos políticos que permitan a las instituciones europeas supervisar la situación de los países miembros. Sin esto, el espacio monetario no durará mucho.

Los debates que han tenido lugar hasta ahora alrededor del plan de rescate permiten ya establecer algunas cuestiones. En primer lugar, los problemas no han sido resueltos sino simplemente aplazados. Las deudas han sido sustituidas por otras deudas. Se ha resuelto la crisis de liquidez, pero la crisis de capacidad de pago se mantiene.

En segundo lugar, los Estados europeos simple y llanamente no tienen dinero suficiente para financiar las promesas que han realizado ya [a sus electores] en materia de sueldos, pensiones, subvenciones y bolsas. La situación resulta especialmente preocupante en los países del Mediterráneo, pero una situación parecida terminará produciéndose en otros Estados europeos, Estonia y Finlandia incluidas. El crecimiento europeo es prácticamente nulo, sobre todo en comparación con Norteamérica y Asia. El rápido crecimiento de esta última le permite saldar sus deudas, contrariamente a lo que ocurre en Europa. De hecho, el Estado asistencial tal y como lo conocemos actualmente está a punto de terminar.