Por suerte, la crisis no les impide reírse. Los griegos se ríen de sus políticos y de Angela Merkel (aunque no son siempre graciosos, como cuando la vistieron con una cruz gamada). En la televisión, el cómico Lakis Lazopulos bate récords de audiencia con su programa satírico semanal. Ha realizado incluso una gira mundial, con su espectáculo "¡Lo siento, soy griego!". Durante el verano, el público se concentra en el teatro antiguo de Epidauro para disfrutar con las comedias de Aristófanes, en las que a menudo se habla de deudas.

Pero existe un valor seguro, y casi desconocido en el resto del mundo, que hacer reír a los griegos de todas las generaciones y que conoce una especie de segunda vida con el trauma de la crisis. Se trata de las viejas comedias de los años cincuenta y sesenta que se emiten en la televisión, sobre todo el fin de semana. En estas películas en blanco y negro o en esos colores primarios de los sesenta, los griegos se ríen de un país que se transforma y se moderniza y todo termina casi siempre con canciones.

Estas comedias están interpretadas por grandes actores cómicos que apenas se conocen fuera de las fronteras de país. Grecia ha tenido a sus De Funès, Fernandel, Bourvil, que aquí se llaman Thanassis Vengos, Kostas Voutsas, Lambros Konstandaras, Kostas Hadzichristos y entre las actrices, Rena Vlachopoulou o Aliki Vouyouklaki. Estas estrellas han sido aclamadas tanto en el cine como en el teatro, que es donde muchas se dieron a conocer.

Elogio de las artimañas

En la primera novela de Vassilis Alexakis, Las palabras extranjeras, publicada en 2010, una mujer griega se reúne con su familia instalada en París y lleva consigo estas películas en DVD. "La Grecia de los años cincuenta sobre todo necesitaba reírse. Tenía prisa por olvidar la ocupación, el hambre, la guerra civil", comenta un personaje. Hoy intenta olvidar la crisis viendo estas películas que se emiten constantemente y con gran éxito en la televisión.

Porque desde hace algunos años, la mirada hacia esta "edad de oro del cine comercial griego", que cuenta el ascenso de las clases medias, adopta un sentido más intenso. "Existe una gran nostalgia", explica el crítico de cine Michel Demopoulos. "En estas películas se reconoce un pasado en el que era bonito vivir, en el que las cosas progresaban y que hoy parece un pequeño paraíso perdido".

Las películas se burlan de las cortapisas familiares y elogian las "artimañas, el plan elaborado por el héroe que no deja de ser una persona íntegra, para ganar un poco de dinero con el que salir de un bache", escribe Elise-Anne Delveroudi, en Le Cinéma Grec (Editions du Centre Pompidou, 2005).

El éxito cómico de las películas se basa en los actores y en sus diálogos. "Estas películas no son muy originales desde el punto de vista cinematográfico, pero a menudo están muy bien escritas, con réplicas hilarantes que todo el mundo se sabe de memoria", explica Michel Demopoulos. Los treintañeros de la generación de los años setenta y ochenta organizan noches de karaoke en las que recitan de memoria los diálogos". Un poco como lo que sucede con la película Gángsters a la fuerza, en Francia. Pero en versión griega.

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