¡Los vecinos de Oberammergauestán majaretas! A los pies del Kofel y de su cruz plantada a 1.342 metros de altitud, la modernidad no tiene derecho de entrada. ¡O eso parecía! El pueblo está tan poco globalizado que incluso el cibercafé desentona y aún así, la dejan entrar con este antojo estrafalario: escenificar el "Misterio de la Pasión", los cinco últimos días de la vida de Cristo, un acontecimiento durante el cual, de mayo a octubre, visitantes del mundo entero invadirán este pueblo situado en la maravillosa ruta turística de los Alpes alemanes.

En Oberammergau, la Pasión de Cristo es casi un asunto de Estado. Y como durante meses la mitad del pueblo pasará por el escenario, la menor de las modificaciones de la puesta en escena es objeto de acaloradas deliberaciones, análisis y discusiones que a veces consiguen resolverse mediante un referéndum, como ha ocurrido recientemente para determinar si sería idóneo representar la obra por la noche en lugar de durante el día.

Ochocientos actores en escena

El pueblo tiene 5.000 habitantes, de los cuales 2.400 forman parte del reparto. El Teatro de la Pasiónes, al mismo tiempo, la pasión por el teatro y la puesta en escena de la Pasión. Oberammergau es, quizá, el lugar más extravagante de Baviera, si no del mundo. Porque lo que ocurre aquí no pasa en ninguna otra parte. En Oberammergau ni siquiera se habla en años, sino en temporadas de teatro. Para un acontecimiento que tuvo lugar en 2001, se dirá: "Entorno a la Pasión del 2000". Y así sucesivamente. Sólo pueden interpretar a Jesús e incluso formar parte del espectáculo las personas nacidas en Oberammergau, los que viven allí desde hace veinte años o las personas casadas con alguien nacido en el pueblo. Ochocientas personas sobre el escenario, cuando no son mil, quizá incluso un caballo y un camello. La obra es el hilo conductor del pueblo y le permite preservar su mito original a lo largo de las épocas.

Un negocio de 100 millones de euros

En 1632, la peste atravesó las montañas y sesgó la vida de 84 habitantes de Oberammergau. El municipio se sintió dejado de la mano de Dios. En 1633 sus ediles decidieron que si el Todopoderoso desviaba la epidemia del pueblo sus habitantes interpretarían cada diez años "el Misterio de la Pasión, de la muerte y de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo". Sus plegarias fueron escuchadas, la pestilencia le perdonó la vida al lugar y, en Pentecostés de 1634, los supervivientes cumplieron por primera vez su promesa en el cementerio de la parroquia. Doscientos años más tarde, la representación se desplazó al "prado de la Pasión" y el escenario se fue haciendo cada vez más grande, hasta que el teatro tomó su imponente forma actual en 1929.

Los Passionsspiele (espectáculo de la Pasión) son desde entonces un acontecimiento de primera línea, esencial para la supervivencia de un municipio cuya actividad económica es casi nula. El presupuesto de los "Juegos de la Pasión" para 2010 asciende a 32 millones de euros, para una cifra de negocios provisional de 100 millones, un presupuesto autofinanciado íntegramente. Pero hay un quid: la crisis. El mercado estadounidense se estanca y la tasa de ocupación no será del 100% este año, como suele ser costumbre.

Dejarse barba es un honor

Estamos a 850 metros, a la misma altitud que Jerusalén. Geográficamente, Oberammergau está situado junto al límite sur de un rincón de Baviera llamado Pfaffenwinkel (literalmente "la esquina de los beatos"). Espiritualmente hablando, el pueblo está en el lugar más indicado. Sin lugar a dudas, este país es digno de la Baviera de los libros de imágenes, con sus balcones de madera decorados con flores, sus iglesias de estilo del alto barroco con cúpulas acebolladas, un pequeño país, fantasioso y encantador, que exhibe todo el año una imaginería de mercado de Navidad.

A partir de mediados de mayo el pueblo recibe 5.000 visitantes diarios, es decir, el mismo número de habitantes del pueblo. A razón de cinco representaciones, esto nos da una cifra de 25.000 personas por semana y medio millón de visitantes de mayo a octubre. A eso de las diez de la noche, los barbudos del pueblo vuelven a casa. Todos parecen más viejos de lo que son en realidad. Acaban de salir del ensayo. Hace al menos quince meses que no se tocan la barba y, sin embargo, todos tienen aspecto de discípulos, de apóstoles o de hippies. Esto ocurrió así. El miércoles de Ceniza del año pasado se publicó el siguiente decreto: "El municipio ruega a todos los actores que se dejen crecer el cabello, incluida la barba en el caso de los hombres. Firmado: el alcalde y director". Para los habitantes de Oberammergau llevar barba es un honor, al igual que actuar sin cobrar por ello. Tras dos años y medio de fervorosos ensayos, se acerca la redención.