La palabra clave “austeridad” empieza a formar parte del vocabulario estonio. Cada vez se pronuncia y se escucha más. El diccionario Merriam-Webster incluso la ha elegido como palabra del año. En estonio, la palabra “austeridad” tiene un color gris y un olor a pobreza. En el fondo de nuestro cerebro, se asocia a la novela Purga de [la finlandesa de madre estonia] Sofi Oksanen. Pero si observamos la situación desde una perspectiva positiva, la austeridad podría convertirse en el Nokia de Estonia. Forma parte de nuestra forma cultural y religiosa de ver el mundo, pero también de nuestro día a día.

En la literatura estonia, el personaje de Tuuli Botik, “trabajadora, austera y dócil” de la novela Las fuentes de la vida del escritor Mihkel Mutt, se caracteriza por su austeridad. Pero vivir con austeridad resulta quizás mucho más molesto que hablar de ella.

¿Cómo practican los estonios la austeridad? Las jóvenes se marchan a Londres para trabajar de camareras. Ganan bastante dinero y optan por vivir como ratoncitos, compartiendo una pequeña habitación con otras tres personas. Los hombres se van a Finlandia a trabajar en el sector de la construcción, llevándose consigo una bolsa de provisiones para una semana, con salchichón, queso, sopas envasadas y latas de cerveza, dejando a su paso cubos de basura y mal olor. Una orquesta sinfónica se marcha al extranjero para dar un concierto y los músicos se llevan bolsas de sándwiches. La paga se gasta en libros. La austeridad es severa.

Un estado de salud física y mental

Pero la austeridad también puede ser beneficiosa. Mediante el mecanismo de estabilidad europea, el Estado estonio se ha comprometido a ayudar a los Estados miembros europeos con necesidad (dicho de otro modo, derrochadores), mediante el pago de 1.300 millones de euros procedente del dinero de nuestros contribuyentes. “Esta suma tiene en cuenta nuestra pobreza y se volverá a evaluar en 2023”, se informaba en el sitio web de ERR [la cadena de radio y televisión estonia]. Por lo tanto, esto significa que si no viviéramos de forma tan austera, podría haber sido aún peor.

El presidente Toomas Endrick Ilves se enfadó con el editorialista estadounidense Paul Krugman y le reprochó el no haber elogiado lo suficiente la recuperación de la economía estonia. Para ahorrar, transmitió el mensaje mediante su cuenta de Twitter. Después de eso, Ilves fue entrevistado sobre la austeridad por Fareed Zakaria, un periodista de renombre de CNN. De este modo, la austeridad ha conseguido que se hable de nuestro presidente en el mundo. Muchas de las personas que hablan de la austeridad son las que ganan más en Europa o en su país.

Podemos decir que la austeridad es un estado de salud metal y física conocido por los estonios. En nuestra historia, siempre hemos estado habituados a vivir con ella. Dado que, debido a la crisis económica, ha fracasado el proyecto presentado en 2005 por el Partido Reformista para que Estonia se encontrara en 15 años entre los países más ricos de Europa, este partido parece haberse fijado otro objetivo: hacer que el país figure entre los países más austeros de Europa para empezar y luego esforzarse para conseguir el título del país más austero del mundo. En cualquier caso, para la élite política se trata de un objetivo más interesante que aburrirse gobernando Estonia.