“¿Respeto por la vida privada? Es un concepto del siglo XX”, proclamó Mark Zuckerberg, fundador de la red social Facebook, alguien que vende sus datos a empresas interesadas en conseguir perfiles de consumidores. Google no se comporta mucho mejor: estudia vuestra manera de navegar por la red y luego os bombardea con publicidad a medida. Los poderes públicos -¿no eran ellos los que debían garantizar nuestra vida privada?- también se aprovechan de ello. Parece que la CIA recoge información sobre políticos, periodistas, universitarios, críticos, creadores de opinión, ONGs, etc. a través tanto de Facebook como de Twitter, Flickr, Amazon y muchas otras páginas.

Mientras Google no cesa de recibir críticas desde Europa por supervisar nuestro comportamiento por Internet, la UE va aún más lejos: en 2006 redactó su famosa directiva sobre conservación de datos, que obliga a todos los operadores telefónicos y proveedores de acceso a Internet a conservar todas las llamadas y todas las búsquedas por Internet durante al menos dos años, y a desbloquearlas cuando los servicios públicos así lo soliciten. Algunos Estados miembros han adoptado ya la directiva, aunque han sido llamados al orden por sus instancias judiciales superiores. “Desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 se han aprobado leyes que reducen el respeto a la vida privada en prácticamente todo el mundo occidental”, comenta [el autor belga] Raf Jespers, que acaba de publicar su libro Big Brother in Europe (EPO, 2010). En Bélgica se aprobaron en 2003 un conjunto de leyes que ampliaban los poderes de la policía y de la justicia.

Nos observan constantemente

Según el diputado europeo y social cristiano Ivo Belet, esta ampliación de poderes es “buena”. “Tomen por ejemplo el caso [del asesino en serie Michel] Fourniret. Estaba fichado como asesino por la policía francesa, y los poderes públicos no tenían noticia de ello. Esta clase de cosas no volverán a ocurrir.”Estos últimos quince años, la tecnología ha tomado un impulso increíble.

Hoy es posible filmar a una multitud desde un helicóptero o desde un drone (un avión sin piloto). “Las cámaras de vigilancia están por todas partes,” dice Jespers. “El alcalde de Malinas está orgulloso de su costosa red de cámaras, por más que en Gran Bretaña, donde los pueblos están llenos de cámaras desde hace ya diez años, la inversión no haya dado resultados.” Según Paul de Hert, criminólogo de la VUB (Universidad libre de Bruselas, de habla flamenca) las cámaras pueden ser útiles “en lugares específicos, como por ejemplo los aparcamientos subterráneos, o los transportes públicos en zonas problemáticas.”

La vigilancia mediante cámaras no es más que un aspecto menor de la cuestión, según Raf Jespers. “Hoy es posible rastrear a cualquier persona a través de su teléfono móvil, su GPS, los chips de los abonos de metro… Sin hablar de los nuevos avances de la biometría.” Así pues, nos tienen a todos bajo vigilancia, constantemente y en todas partes. ¿Pero acaso no surge una nueva forma de vida privada a partir de esta ausencia total de vida privada? Esto puede ser posible, ya que cuando todo el mundo está siendo vigilado en todo momento al mismo tiempo, nadie lo está realmente. “Eso es en parte cierto,” dice Jespers, “existen demasiados datos como para ser examinados. Pero no olvidemos que hay programas capaces de analizar todos los datos numéricos en un tiempo récord en función de criterios definidos. Recuerden el escándalo del SWIFT.”

La protección de la vida privada no quita el sueño a las nuevas generaciones, que han crecido con Internet, y el mundo político apenas demuestra ninguna inquietud por la cuestión. Sólo algunas organizaciones de defensa de los derechos humanos se esfuerzan aún para oponerse a este proceso. “Lo peor es que las políticas nacionales se ocultan detrás de Europa”, comenta Jespers. “Y si dejamos hacer a la UE, esto irá de mal en peor.”

El enemigo en casa

La Comisión Europea ha jugado en gran medida la carta de la tecnología de vigilancia en cuestiones de seguridad. Basta pensar en los bancos de datos SIS, VIS y EURODAC, así como en los organismos consultivos creados por la Comisión: “Cuando uno examina quién forma parte de los consejos consultivos, se le cae el alma a los pies,” dice Jespers. “El primer presidente de la ESRABera Markus Hellenthal, de la empresa armamentística EADS. En el ESRIF, sucesor del ESRAB, más de dos tercios de los consultores mantienen lazos con empresas tecnológicas y de armamento. Los grupos de presión ya no tienen necesidad de recorrer los pasillos, son ellos directamente los encargados de tomar las decisiones. Las consecuencias están a la vista de todos: el presupuesto europeo para la investigación en materia de seguridad se ha multiplicado por diez en unos años, hasta superar los 200 millones de euros anuales, y casi todos los proyectos de investigación están relacionados con la tecnología de control. La seguridad europea está completamente militarizada.”

La cuestión clave sigue abierta: ¿qué incidencia tiene este proceso sobre la vida del ciudadano medio? ¿Acaso tiene algo que temer? “Todo el mundo tiene algo que esconder,” dice Jespers. “Puede que el libro que acabas de comprar en Amazon sea perfectamente inocente hoy, pero quién sabe, tal vez dentro de diez años los poderes públicos lo considerarán criminal. ¿Por qué habríamos de tener confianza en los poderes públicos, en especial los europeos, cuando no hacen nada por ganársela? Por otro lado, el respeto a la vida privada está incluido en el Convenio Europeo de Derechos Humanos.”