A primera vista, la nueva eurodiputada húngara Krisztina Morvai encarna el modelo mismo de una política a la que todo le sale bien. Es guapa, rubia y cultivada y consigue conciliar la vida familiar (tiene tres hijos) con la carrera política. Pero sus pareceres no se corresponden realmente con la imagen de la fémina perfecta. Aunque en el pasado fue activista por los derechos de la mujer, poco a poco ha ido cambiando de vocabulario y de opinión política para acabar presentándose a las europeas como cabeza de lista del Jobbik, un partido que se ha dado a conocer entre otras cosas a través de una enérgica campaña contra los romaníes.

"Hungría pertenece a los húngaros. El Jobbik es sinónimo de transformar dichos en hechos", afirmaba en víspera de las elecciones el líder del partido, Gábor Vona. Y la ejecución de esos hechos concretos le corresponde a la Guardia Húngara, una milicia paramilitar estrechamente vinculada con el Jobbik. Sus miembros desfilan con uniformes que recuerdan a los que llevaban los fascistas húngaros de los años cuarenta y organizan manifestaciones contra los romaníes.

El Jobbik y la Guardia Húngara han llegado a decir incluso que los romaníes son los culpables del descenso del nivel de vida de los húngaros en una crisis económica que afecta a su país más que a ninguno. El sociólogo húngaro Zoltán Pogatsa describe el programa anti-romaní del Jobbik con las siguientes palabras: "Le dicen a la gente: mirad, nosotros sufrimos la crisis y ellos se benefician de las ayudas sociales del Estado. Pero a ese dinero podía dársele un uso mucho mejor".

La policía sospecha que algunos de los múltiples asesinatos de romaníes han sido perpetrados por ciertos miembros de la recientemente ilegalizada Guardía Húngara. Las propias fuerzas del orden están en entredicho debido a su inactividad. El 23 de febrero de este año pasada la medianoche, en la localidad romaní de Tatárszentgyörgy, un desconocido lanzó cócteles molotov contra una casa. Cuando los que allí vivían intentaron huir, el agresor disparó sobre ellos, matando al padre de la familia y a su hijo de cuatro años. Tan sólo desde el mes de noviembre han sido asesinados de este modo cinco romaníes. Cada semana que pasa trae consigo su porción de agresiones contra aldeas romaníes. La policía admite que estos ataques habían sido organizados por la Guardia Húngara. Por su parte, la nueva eurodiputada del partido Jobbik, Krisztina Morvai, dio a entender antes de las elecciones que los romaníes se matan entre sí en Hungría.

Tres organizaciones independientes han trabajado en el informe de investigación sobre los asesinatos de Tatárszentgyörgy. La policía en un primer momento se negó a hacer averiguaciones respecto de estos homicidios por tratarse según ellos de un mero accidente. El informe sugiere además que la policía perjudicó la investigación. El racismo de los agentes es algo que la propia dirección de la policía ha confirmado. El jefe de la policía húngara, József Bencz, hace poco incluso llegó a declarar que es posible que los criminales pertenezcan a la policía o al ejército, lo cual explicaría la "profesionalidad" con que se ejecutó el asesinato.

Los romaníes nunca lo han tenido fácil en Hungría, donde representan hoy en día cerca de un 10 % de la población. Pero se prevé que, de aquí a 2050 puedan llegar al 20 % gracias a una tasa de natalidad elevada. El partido Jobbik explota estas cifras con fruición. Sus representantes abordan abiertamente la posibilidad de un desplazamiento de los romaníes. Una parte de los húngaros ve además a los romaníes ante todo como a delincuentes (se calcula que cerca de la mitad de los presos húngaros son de origen romaní). Y más de la mitad de la población, aun a sabiendas de lo peligroso que es el Jobbik, quiere solucionar la cuestión romaní.

El éxito del Jobbik despierta inquietud en la vecina Eslovaquia, país que los representantes de este partido contemplan gustosamente como un apéndice de Hungría que les pertenece por derecho histórico. Para el primer ministro húngaro, Gordon Bajnai, los buenos resultados obtenidos en las elecciones europeas por los extremistas constituye un gran problema, sobre todo en su propio país: con el partido de la oposición de derechas, el Fidesz, gran vencedor de las europeas, el Jobbik comienza a exigir cada vez con mayor insistencia la anticipación de las legislativas.