Bernard Arnault no es el único que quiere marcharse a Bélgica. Otros franceses un poco menos afortunados y algo más jóvenes que él se apresuran para poner rumbo hacia Bruselas. Y al contrario que "el hombre más rico de Francia", éstos emigran esperando poder pagar impuestos, ya que eso significaría que han encontrado un empleo.

"Un número cada vez mayor de jóvenes franceses se marchan al extranjero, sobre todo a la Bélgica francófona, para empezar su vida profesional", explica Éric Verhaeghe, autor de Faut-il quitter la France? (¿Es necesario marcharse de Francia?). ¿La razón de su exilio? "El mercado laboral francés les motiva cada vez menos".

El número de franceses instalados en la región de Bruselas capital no deja de aumentar. El Instituto Bruselense de Estadística y de Análisis los cifraba en 50.000 en 2010, en comparación con los 34.000 contabilizados diez años antes. En 2011, el número de franceses inscritos en el registro belga aumentó un 8,1%, lo que constituye el tercer mayor incremento en Europa Occidental después del registrado en Suiza y Reino Unido. En esta diáspora, los exiliados fiscales constituyen una minoría, ya que sólo representarían el 2% de los cerca de 250.000 franceses en Bélgica.

La presión sobre los recién incorporados en Francia

¿Cuál es entonces la proporción de jóvenes con titulación universitaria? "Tendrá que transcurrir un tiempo para que se refleje este fenómeno en las estadísticas", explica Éric Verhaeghe. Aunque no haya cifras, el traslado de los estudiantes franceses hacia Bélgica "lógicamente ha aumentado con la construcción europea y el desarrollo de programas como Erasmus. También lo ha facilitado la moneda única. El número de estudiantes franceses en Bélgica se ha duplicado desde esta época, hasta llegar a los 10.000 durante los años de prosperidad". El Gobierno belga intentó aplicar una serie de medidas para limitar estos flujos, pero fueron ineficaces porque resultaron incompatibles con el derecho comunitario en 2009.

Otro tipo de movilidad, totalmente profesional, demuestra el dinamismo del eje franco-belga: un ejemplo de ello son los Voluntarios Internacionales en Empresa (VIE), el principal programa de inserción profesional en el extranjero para los menores de 28 años. Para los jóvenes franceses, "Bélgica es el tercer destino del programa VIE en Europa (después de Reino Unido y Alemania), y el quinto en el mundo", señala Ubifrance.

¿Qué es lo que impulsa a salir a estos titulados universitarios, asustados por el contexto francés? Es una mezcla de hastío y de temor ante la precariedad que sufren en Francia a pesar de sus titulaciones y también las ganas de marcharse a un país que se considera especialmente sencillo y acogedor.

Para ellos, se trata de huir de un mercado laboral hostil y cerrado. Louise, de 25 años y licenciada en Ciencias Políticas, es un ejemplo de ello. Tras haber probado suerte lógicamente en París, donde tuvo "Una experiencia agotadora, yendo de casa al trabajo y del trabajo a casa y sufriendo la presión que se ejerce sobre los empleados más jóvenes", se marchó a Bruselas: "Me mudé un jueves y firmé el contrato el viernes, así que fue todo muy rápido".

Una ciudad más flexible

¿Es un mercado laboral más accesible? "Bélgica está entre los cinco primeros países europeos en términos de ofertas de empleo", comenta un responsable de Pôle emploi international. Sobre todo para las personas con titulaciones universitarias superiores. No obstante, en ciertos sectores, la inserción profesional es igual que en Francia.

Otro criterio es que el inicio en el mundo laboral es más flexible y la red más accesible. Prueba de ello es el caso de Ninon, de 27 años, titulada en diseño industrial en París e instalada en Bruselas desde hace un año. "Busqué trabajo en París y fue una pesadilla. Entonces quise intentar hacer prácticas pero no pude, porque ya no era estudiante. Después de seis meses, opté por Bruselas, donde hay una mayor flexibilidad".

Obtener un puesto en prácticas no es que sea la situación ideal (con una baja remuneración y temporal), pero al menos en Bruselas, las prácticas son... realmente prácticas, "y no un puesto remunerado disfrazado como en París": "Puedes llegar sin experiencia, estás para aprender; y luego empiezas a trabajar rápidamente en proyectos interesantes, mientras que en París hay que pedir la vez como en la carnicería y esperar tu turno para que te confíen trabajos importantes".

También parece que es más fácil crear una red profesional. En resumen, si el empleo sigue siendo lo fundamental, crear por sí mismo un puesto de trabajo da menos miedo: "En el ámbito creativo, por ejemplo, la gente se arriesga mucho más que en París", explica Ninon.

Los parisinos tienen mala prensa

Por otro lado, Bruselas ofrece oportunidades a cada vez más perfiles profesionales. Para Sophie, de 26 años, recién licenciada en París en la EHESP (Escuela de Estudios Superiores en Salud Pública) y especializada en salud y medio ambiente, es casi un paso obligado: "El 80% de la legislación en materia medioambiental se crea aquí. Hay que meter la cabeza, aunque sea para establecer contactos profesionales".

En Bruselas, la presión económica además es menor. Según un estudio internacional sobre el coste de vida realizado en 2011 por Mercer, Bruselas ocupa el puesto 62, después de Bratislava o Atenas, mientras que París se sitúa en el puesto 27. La cuestión del alojamiento también ha constituido un motivo para marcharse en el caso de muchos expatriados. Según la clasificación europea de 2011 de las ciudades con los alquileres más altos, París (con el 6º puesto) no puede competir con Bruselas (en el puesto 26). "Por 380 euros de alquiler, ¡vivo en una casa compartida con jardín, gallinas y huerto!¨, explica Ninon. "Y a cinco minutos de Flagey, un barrio joven, moderno y multicultural". Por ese precio, es impensable encontrar un estudio en el centro de París…

Por consiguiente, el objetivo es el trabajo, el precio más barato del alojamiento y del coste de vida son otros incentivos y la guinda del pastel de la expatriación es una calidad de vida claramente mejor. Con una menor densidad de población, espacios verdes, una cultura menos elitista y más accesible que en París.

Los belgas están acostumbrados a este tipo de emigración y tienen buena reputación. Pero los belgas también se quejan bastante de los franceses, que hacen que los precios suban y sobre todo de los parisinos, que tienen bastante mala prensa… y puede que tengan parte de razón.