Seguramente ni en sus peores pesadillas la comunidad china en España habría imaginado un suceso tan negativo para su imagen como la Operación Cheqian-Emperador.Para un grupo que hace de la discreción el elemento fundamental de su modo de vida —y una de sus fortalezas—, la información que ha llegado a la opinión pública no puede ser peor: historias rocambolescas de cómo los grupos criminales habrían defraudado a la Hacienda española hasta 35.000 millones de euros, violencia ejercida por el clan del cabecilla Gao Ping para extorsionar, corrupción y negocios vinculados con la prostitución y la venta de droga.

Una realidad que sorprenderá a muchos españoles, acostumbrados a percibir una imagen de los chinos de grupo trabajador, emprendedor y místico capaz de rentabilizar negocios condenados a la quiebra.

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