El jefe de Estado rumano quiere aumentar el número de sus conciudadanos y para ello opta por métodos curiosos. Ofrece generosamente pasaportes a cientos de miles de moldavos que viven en condiciones de pobreza. Un regalo de un Estado de la UE que aceptan con agradecimiento: con él se dirigen en masa hacia Europa Occidental para trabajar como mano de obra barata.Los nuevos candidatos a entrar en la Unión Europea se levantan temprano. El cielo gris matinal contrasta con los cientos de moldavos, en su mayoría jóvenes, que se concentran ante el consulado rumano de Chisinau, capital de la República de Moldavia, el país más pobre de Europa. Denis Rotari, con una camiseta azul claro y un dragón tatuado sobre el codo, es albañil. El amor le ha traído hasta aquí. “Necesito dinero para mi boda”, declara este joven de 21 años. Como todos los que hacen cola, vienen a solicitar un pasaporte rumano. Es un símbolo de esperanza, de encontrar un trabajo como mano de obra barata, en cualquier parte, entre Roma y Lisboa.

Un millón de moldavos ya han dicho adiós a su patria, cuyo PIB por habitante equivale al de Sudán. Prestan sus servicios en el extranjero, casi siempre de forma clandestina. Cerca de 120.000 de los 3,6 millones de residentes del país disponen ya de un pasaporte del país vecino y más de 800.000 esperan que acepten su solicitud, según el gobierno rumano. Para controlar esta avalancha, el ministro rumano de Asuntos Exteriores ha abierto dos nuevos consulados en las ciudades provinciales de Balti y Cahul, pagados por la UE.

Los moldavos entran en la UE por la puerta de atrás

El planteamiento es el siguiente: el presidente rumano Traian Basescu, de orientación nacional-patriota, quiere que aumente el número de sus súbditos y ha aceptado que la cantidad de naturalizaciones a partir de este año pase a ser de 10.000 al mes. De este modo, en una UE cansada de ampliaciones, y sin un solo referéndum, sin la aprobación de Bruselas, Berlín o París, se está produciendo una ampliación solapada. Los moldavos salen de su país y entran en la Unión, el paraíso económico, por la puerta de atrás.

Desde que la “Alianza para la Integración Europea” en Chisinau arrebató el poder a los comunistas pro-rusos en 2009, Rumanía ha lanzado su ofensiva de naturalización sobre su pequeño vecino. Bucarest patrocina la formación de los funcionarios del ministerio moldavo de Asuntos Exteriores sobre “la integración euro-atlántica” y financia la traducción de las leyes de la UE. Rumanía, aunque se encuentra gravemente afectada por la crisis financiera, concedió el año pasado créditos generosos a su vecino. Se han retirado las alambradas de espino de la frontera y desde otoño, los habitantes de una zona fronteriza de 30 kilómetros pueden visitar Rumanía sin visado.

"Un mismo pueblo con derecho a su unidad y a un futuro común"

Es cierto que los rumanos y los moldavos vivían en dos Estados distintos, “pero somos un mismo pueblo y este pueblo tiene derecho a unirse y a crear un futuro común”, afirmó Basescu, que sueña con la România Mare, una resurrección de la “Gran Rumanía” con sus fronteras de 1918 a 1940 y que incluían el territorio moldavo. Los anticipos rumanos son por supuesto del agrado de las nuevas autoridades moldavas. 9 de los 53 diputados de la coalición gubernamental disponen además de un pasaporte rumano. Con Mihai Ghimpu, presidente en funciones, se encuentra en lo más alto del Estado un unionista. Dorin Chirtoaca, alcalde de Chisinau y sobrino de Ghimpu, también recalca: “Los rumanos y los moldavos están estrechamente relacionados, como los alemanes y los bávaros”. La idea de la existencia de un Estado aparte sería “una ilusión del poder soviético”.

A decir verdad, una unión con Rumanía, el segundo Estado más pobre de la UE después de Bulgaria, parece que no seduce a la mayoría de la población moldava. Según una serie de encuestas, dos tercios de la población desearían entrar en la Unión, pero sólo el 2 % se considera rumano. Además, tal y como dice el albañil Denis ante el consulado rumano: *“Con el pasaporte, lo que quiero es irme algo más lejos, hacia el oeste.**Rumanía me da igual”.* Su primo ya trabaja en Madrid, en un matadero. En marzo de 2011, cuando Rumanía entre a formar parte del espacio Schengen, los cientos de miles de moldavos titulares de pasaportes rumanos podrán por fin desplazarse libremente por la UE.

Mientras, la oleada de inmigrantes ha llamado la atención de Bruselas. Los populistas de derecha se apresuran para sacar partido del proceso. Andreas Mölzer, diputado europeo del FPÖ, la derecha populista austríaca, ha exigido que la Comisión Europea se posicione sobre los medios para poner plazo a las artimañas rumanas. “En cualquier caso, Alemania no tiene por qué preocuparse”, explica Manfred Grund, diputado del CDU en el Bundestag. “La mayoría se instala en Italia y en España”.