"Subcultura : grupo social, étnico, regional, económico que presenta comportamientos específicos que lo distinguen de otros miembros de una sociedad o de una cultura más amplia." Esta es la definición del diccionario online Merriam-Webster. Generalmente, el término "subcultura" se asocia mentalmente a la idea de underground o clandestinidad. Siempre han existido comunidades marginales que han hecho de sus diferencias con el resto de la sociedad, un culto : desde los años 60 a nuestros días. Sin embargo, desde el movimiento hippie, con la difusión sin precedentes de los medios de comunicación, la contestación y la revuelta, la diferencia y la alternatividad se han vuelto populares, retomadas y explotadas por la industria, y transformadas luego en diversión.

A finales de los años 80, el sociólogo francés Michael Maffesoli aportó un nuevo sentido a la definición clásica del término, con la introducción de la expresión "tribus urbanas" en su libro "El tiempo de las tribus : el declive del individualismo en las sociedades postmodernas". La obra ofrece una nueva perspectiva al fenómeno : aunque generada por motivaciones individualistas, la afiliación a grupos urbanos de subcultura es susceptible de caer en el tribalismo.

Durante ese tiempo, se ha hecho cada vez más evidente que la tolerancia hacia grupos diferentes -por el estilo de vida, la indumentaria, las preferencias musicales, etc- ha pasado del estado de excepción a la norma. Y estos grupos ya no se ven a si mismos como marginales. En las grandes ciudades europeas o americanas, las parejas punk, grunges, góticas o emos [término derivado del rumano emotividad, y que se aplica a la nueva generación de jóvenes], se cogen románticamente de las manos, visitan museos o van al teatro y a la ópera.

El último grupo en suscitar una cierta conmoción por su actitud violenta ha sido el de los hip-hoperos. Aquí también las cosas han cambiado : en su artículo "Ser europeo en las vivencias de los jóvenes", publicado en nuestro periódico, el periodista finlandés Tommi Laitio relata como una vez llegada al viejo continente desde Estados Unidos, la música rap ha adquirido tintes regionales y nacionales, a veces muy alejados de sus raíces originales. Los jóvenes turcos lo han adoptado en Alemania, donde trabajan sus padres. Los holandeses, austríacos y portugueses lo cantan en dialecto. En cuanto a los polacos, lo utilizan para componer versos patrióticos. Más aún : las grandes marcas de ropa y calzado, los medios de comunicación e incluso las entidades públicas hacen frecuentemente recurso al antes contestatario hip hop, para captar la atención del público más joven.

El problema de saber si las subculturas pueden ser toleradas por la mayoría o si pueden aún representar el síntoma de un conflicto generacional se ha vuelto por tanto superfluo. Nuestro único problema en lo que a ellas concierne – sobre todo en las realidades de los países del Este, donde el sistema de educación y la preocupación general por la adolescencia y los jóvenes puede ser resumido en la frase: "que se las apañen como lo hice yo cuando tenía su edad" – es que el modo de vida diferente no se transforme de simple alternativa en única salida.