Gazeta Wyborcza: La UE está cambiando y vuelve a surgir la idea de una Europa a dos velocidades. ¿De qué modo percibe estos cambios?

Marek Cichocki: Hay que tener cautela con respecto a estos planteamientos. Es cierto que han ocurrido muchas cosas recientemente en la UE, algo paradójico, porque todo el mundo pensó que en cuanto entrara en vigor el Tratado de Lisboa, todo sería paz y tranquilidad. Pero por la crisis económica, no ha sido así.

La crisis empezó incluso antes de que entrara en vigor el Tratado…

Sí, pero nadie esperaba que la crisis sacudiera los cimientos de la moneda única, considerada por algunos Estados miembros más antiguos como el pilar fundamental de la integración.

¿No teme a una Europa de dos velocidades en la que los Estados más grandes y más prósperos sigan adelante con su integración económica a espaldas de Polonia?

Hasta ahora, Alemania ha actuado de freno en las diferentes innovaciones propuestas por Francia. Parece que la coordinación económica y presupuestaria se producirá entre todos los Estados miembros de la UE. Desde que Nicolas Sarkozy ocupó la presidencia, la política francesa se ha centrado en buscar un modo de distinguir a Francia del resto de Estados miembros. Por su parte, Alemania ha estado intentando mantener la UE en su totalidad. Y, a pesar de los recelos y la resistencia de los ciudadanos, que pagan con su propio dinero, se ha esforzado por mantener a la UE en su conjunto.

Pero Alemania también está cambiando y se está volviendo egoísta. Un ejemplo claro fue la oposición inicial de la señora Merkel ante el paquete de rescate de Grecia, para luego concederlo según las condiciones alemanas.

Permítame que le recuerde que, a principios de 2007 y 2008, el señor Sarkozy planteó la propuesta radical de excluir a la Unión del Mediterráneo de la UE y la señora Merkel obligó al presidente francés a que descartara la idea. Y está ocurriendo ahora lo mismo con la idea francesa, más bien imprecisa, de un gobierno económico para la eurozona y un fondo especial para países con problemas financieros. Sarkozy ha intentado derivar esos mecanismos de las estructuras europeas y los alemanes han dicho ‘no’. Por lo tanto, los franceses querrían eliminar algunas cosas de la UE, para liberarse del lastre que representan para ellos algunos Estados miembros y no tener que tratar con el resto de 26 Estados miembros. Alemania, en cambio, aunque está cambiando, sigue fiel al principio de que una UE con todos los Estados miembros es fundamental.

Creo que a pesar de todo, la UE no se está dirigiendo hacia lo que se denomina un 'núcleo' o a una 'UE dentro de la UE'. Actualmente esto no constituye una amenaza. Más bien nos estamos dirigiendo hacia un tipo de UE a la carta, en la que varios miembros eligen las esferas que les interesan. Las naciones de mayor peso están desarrollando sus centros de influencia nacionales o supranacionales dentro de la UE y creando sus propios círculos de actividad. Es algo evidente en la política exterior, donde contamos con una división de funciones entre Francia y Alemania.

Actualmente, el mayor problema de la UE es su regionalización interna y externa y el surgimiento de centros y esferas de actividad. Además, se está restando poder de decisión sobre algunas cuestiones importantes relativas a la UE no sólo a la Comisión, sino también al Consejo, que representa a las capitales. Estas decisiones se están tomando en reuniones informales.

Siempre ha sido así en la UE.

Sí, es cierto, pero ahora es muy evidente. Alemania y Francia lo hacen con una cierta arrogancia hacia la Comisión. No se puede hacer caso omiso a las propuestas de Merkel y de Sarkozy, por lo que en lugar de ello, se aprueban, con todas las consecuencias. ¿Esta privatización, o nacionalización, de la UE, en la que el eje franco-alemán opera por encima del resto, resulta peligrosa para la UE y para Polonia?

Siempre que las élites alemanas puedan convencer a sus ciudadanos de que es necesario aceptar el liderazgo de Alemania en la UE, aunque esto signifique subvencionar a la UE, no existe ningún peligro. Actualmente sólo Alemania está interesada en mantener la UE en su totalidad, por muchos motivos. Principalmente porque sólo en una UE así es donde Alemania puede ejercer su liderazgo y obtener beneficios tangibles de ello.

El tándem franco-alemán se ha convertido de nuevo en un aspecto fundamental para el futuro de la UE. No porque los líderes alemanes y franceses estén determinando las tendencias futuras en perfecta sintonía, sino porque el futuro de la UE se ha quedado enzarzado en los intereses contradictorios de Alemania y Francia.

¿Cómo percibe Francia a Europa?

Francia ha decidido que Alemania tiene que acercarse más a Francia por el potencial de crecimiento de Alemania. Esta integración estrecha sólo será posible cuando se haya creado un ‘círculo interno’ dentro de la UE en el que los dos países puedan desempeñar una función decisiva. De ahí la idea de Sarkozy de identificar la cooperación económica con la eurozona, en la que los dos países desempeñan una función fundamental. Y dejan a países como Reino Unido, Suecia o Polonia fuera de ese círculo.

¿Cuál debería ser la reacción de Polonia ante tal actitud?

Debemos sopesar, por un lado, la necesidad de combatir tendencias desfavorables, como una Comisión debilitada, y por otro, la adaptación a las nuevas condiciones y procesos dentro de la UE. No podemos obviar, por ejemplo, el hecho de que Rusia se haya convertido actualmente en un territorio de competencia para los dos Estados miembros más poderosos de la UE, Francia y Alemania. Debemos tener en cuenta esto si aspiramos a ser cocreadores de la política del Este en la UE.

Entonces, ¿debemos apostar por ambas vías en la UE, es decir, por la Comisión y por Alemania y Francia?

No es necesario posicionarse necesariamente en uno u otro bando, ni luchar por la Comisión ni unirse a las mayores locomotoras de Europa como si fuéramos un vagón pequeño. No estoy seguro de que los músculos políticos que se ejercitan en Berlín y París tengan consecuencias positivas para la UE. No hay certeza de que Merkel y Sarkozy puedan sacar a Europa de la crisis.

¿Teme que si Polonia sigue distanciada de todo esto puede quedar al margen de procesos importantes?

Polonia se encuentra en una situación cómoda, porque ha afrontado bien la crisis. Ivan Krastev (politólogo experto en los Balcanes, director del Centro de Estrategias Liberales en Sofía) observó acertadamente que Polonia no corre el riesgo de que su estatus político disminuya, porque la economía polaca se encuentra en buena forma y a Varsovia no le tienen que pedir ayuda financiera.

Pero basta con que el gobierno húngaro haga alguna insinuación sobre sus problemas financieros para que los inversores metan a Polonia en el mismo saco que el resto de Europa Central y el zloty comience a bajar…

Así es como funciona el mercado. No podemos evitarlo. Hoy tenemos algunos problemas más graves en la UE, con la degeneración del estatus político de algunos Estados miembros, aunque formalmente todos los Estados miembros sean iguales. Es algo peligroso. Si observamos la historia, podríamos decir que se trata de una mezcla explosiva. No es el problema de Polonia, pero sí el de Grecia y probablemente pronto lo sea el de Portugal, España, Bulgaria o Hungría.

John Monks, director de la Confederación Europea de Sindicatos, advierte de que la crisis y las reducciones presupuestarias presentadas como respuesta a ella por muchos países europeos pueden desencadenar en Europa una situación similar a la de los años treinta. La crisis de entonces engendró los regímenes totalitarios.

El mismo proyecto de la UE se gestó en un momento complicado. Se está realizando una evaluación del estado de los diferentes Estados miembros. Lo que es preocupante es, por ejemplo, el hecho de que el carácter inviolable de las fronteras se esté convirtiendo en objeto de risas, algo que era totalmente impensable hace veinte años. Tomemos como ejemplo las bromas que realizaron algunos parlamentarios conservadores en el parlamento alemán, al sugerir, medio en broma, medio en serio, que Grecia podía ceder algunas de sus islas a cambio de la ayuda financiera.

Krastev afirma directamente que hay países en la UE que pueden gobernarse a sí mismos y otros que no. Debemos asegurarnos de no perturbar el equilibrio interno de la UE, pues podría surgir una nueva forma de colonialismo europeo interno.

Actualmente sucede que la división más antigua, más profunda y más importante entre el Norte y el Sur de Europa está relativizando su división más superficial y más temporal entre el Este y el Oeste, como resultado de la historia del siglo XX. A veces, la antigua división Este-Oeste se activa cuando los inversores, al reaccionar según el patrón antiguo, nos incluyen en la misma categoría que Hungría. Otras veces lo hace la división renovada Norte-Sur, que, tal y como demuestra la situación actual, es más pertinente.