Existe una nueva forma de visitar Copenhague: seguir los pasos de Sarah Lund y de Birgit Nyborg, las heroínas de las series televisivas The Killingy Borgen, como propone la oficina de turismo de la ciudad. Estas series, seguidas por telespectadores de todo el mundo y ganadoras de numerosos premios internacionales, han hecho de repente que todas las miradas se dirijan a un pequeño Estado del norte de Europa que cuenta con apenas seis millones de habitantes.

Estas dos series escandinavas nos han hecho descubrir un país de nubes bajas, empapado por la lluvia, donde los asesinatos ocultan secretos turbios y donde los partidos políticos se desgarran. Y todo ello sin un ritmo desenfrenado ni efectos especiales, sin resurgimientos a diestro y siniestro, ni maquillaje glamuroso. Algo que deja perplejos a los estadounidenses, que se han apresurado a comprar los derechos para realizar "remakes". En Dinamarca, el éxito no cesa. La tercera temporada de The Killing, que se está emitiendo actualmente, reúne todas las semanas a 1,7 millones de telespectadores. “¿Se imagina algo así en Francia? ¿Un tercio de la población delante del televisor?”, comenta riéndose el realizador Mikkel Serup.

Su heroína es una policía casi asocial, de cabellos y rasgos de aspecto cansado, un personaje inspirado en Clint Eastwood en Harry El Sucio. Su intérprete es recibida en el extranjero como una embajadora. Ocurre el mismo fenómeno con Borgen, que desvela los entresijos de Christiansborg, sede del Parlamento danés, a través de Birgit Nyborg, elegida primera ministra un año antes de que Helle Thorning-Schmidt, la presidenta de los socialdemócratas (SD) en la realidad, accediera al puesto en octubre de 2011.

El número tres es la regla de oro

En Inglaterra, el primer ministro británico David Cameron y Nick Clegg, jefe del partido liberal demócrata, siguen asiduamente Borgen. Jugar con ventaja, desbaratar las expectativas, cautivar al público con arduas negociaciones para nombrar a un comisario europeo en Bruselas: el éxito de esta serie y de la ficción danesa estriba sobre todo en esos elementos.

Para comprenderla, hay que visitar Orestad, un barrio ecológico que mezcla edificios de viviendas con un centro de negocios. Ante un terreno amplio donde chapotean algunas gaviotas, flota la bandera de DR (Danemarks Radio). Allí es donde se elabora la estrategia editorial de seis cadenas públicas. Están exentas de publicidad y se financian mediante el impuesto audiovisual (de 303 euros, en contraposición a los 125 en Francia).

En el tercer piso, tres jóvenes parlotean en un pequeño local acristalado. Parece estar haciendo una pausa para tomar café. “Es nuestro próximo gran éxito”, nos comentan. En esta “writing room” que se reduce a una mesa, dos sillas y un sofá, tuvo lugar hace unos días la última reunión de trabajo del equipo de Borgen, que concluyó la intriga de la serie cuya tercera temporada aún se encuentra en producción. Ahora, esta sala la ocupan un nuevo trío de guionistas. Es el dream team de The Legacy: una gran artista deja a su muerte cuatro hijos que la vida separó y ahora tienen que solucionar su espinosa sucesión.

En la oficina de enfrente, Jeppe Gjervig Gram, coguionista de Borgen, concibe las líneas narrativas de Follow the Money, una serie que pretende desvelar los engranajes del mundo financiero, al igual que Borgen nos muestra los de la política. Una vez que se plantea la intriga general, dos guionistas se reunirán para pulir los episodios. Aquí, el número tres es la regla de oro. Tres personas para escribir y tres temporadas por serie. Si se supera esta cifra, se pierde la magia.

La envidia de los guionistas europeos

“¿Quiere conocer nuestros secretos de creación?”, pregunta Camilla Hammerich, productora de Borgen. Y nos muestra la máquina de café... En resumen, se trata de dejar que los cerebros trabajen. “Es una dinámica. La conversación se mantiene en todo momento, como si hiciéramos malabarismos y la pelota estuviera siempre en el aire”, confirma Mada Dul Larsen, que acaba de escaparse de la "writing room" de The Legacy. En la cadena DR, los guionistas son trabajadores fijos y les paga la cadena, incluso durante las investigaciones documentales necesarias para la historia.

Los daneses han ido dando palos de ciego hasta perfeccionar este modelo que hoy hace palidecer de envidia a los guionistas europeos. “Hasta comienzos de los años noventa, sólo se emitían series aburridas grabadas por los cámaras internos”, recuerda Camilla Hammerich. “Nuestra televisión no funcionaba bien. Los cineastas la tachaban de mediocre y la ignoraban”. Quien la sacó del letargo fue su hermanastro, el cineasta Rumle Hammerich. Nombrado director del departamento de ficción de DR en 1992, se marchó a Estados Unidos y a su vuelta a Dinamarca fue responsable de acabar con la distancia entre la pequeña y la gran pantalla. Llamó a los realizadores más audaces, a los directores de fotografía más renombrados, los que habían recibido su formación en la escuela nacional de cine de Copenhague, de la que salieron Lars Von Trier, Bille August, Thomas Vinterberg, Susanne Bier (ganadora de un Oscar en 2011 por En un mundo mejor) o Nicolas Winding Refn, el cineasta de Drive.

“Los guionistas se encuentran en la cumbre de la pirámide y los productores deben poder reunir al mejor equipo, sin que se les imponga un actor o un director de montaje concreto”, explica Camilla Hammerich. Solo existe una obligación que responde a la misión de servicio público: proponer siempre un doble nivel de lectura para iluminar al público sobre problemáticas actuales. The Killing, por ejemplo, entrelaza hábilmente la investigación policial con las artimañas políticas. Y aún mejor, la tercera temporada se centra en el impacto de la crisis financiera.

Los políiticos no se atreven a criticar

El 29 de octubre, Piv Bernth, actual responsable de las series de ficción de DR, estaba en Oslo (Noruega) para asistir a un seminario dedicado al modelo danés. Los asistentes al congreso estaban estupefactos por la libertad que se deja al guionista. ¿No existe ninguna presión de la cadena? No, ni la más mínima. ¿Ni siquiera muestra un poco de curiosidad? ¿No da consejos? No. “Debe dominar la visión del artista. Una vez que damos nuestro consentimiento a un proyecto, nos mantenemos al margen”. “Es la clave de nuestro modelo”, explica Piv Bernth, “No puede funcionar en cadenas comerciales que se ponen nerviosas por la audiencia”.

Además, ningún político se atreve a criticar las opciones editoriales de DR. Curiosamente, fueron los periodistas daneses, seguidos de los consejeros de comunicación de los políticos, los que criticaron duramente la serie Borgen cuando se estrenó. Afirmaban que era demasiado improbable. Incluso Politiken, el semanario de centro izquierda, la juzgó con severidad. Pero lo cierto es que un año más tarde, una encuesta realizada entre sus lectores indicaba que Borgen era su serie favorita. Al mismo tiempo, un escándalo de fraude fiscal en el que estaba implicado el consultor político del exprimer ministro planteaba un debate nacional sobre el lugar predominante que ocupan estos líderes de opinión.