En el artículo de La Vanguardia “El estigma de la historia”, Teresa Calveras describe la batalla de Nuremberg para que prevalezca “su papel en la defensa de los derechos humanos sobre su pasado como sede de los congresos del Partido Nacionalsocialista Alemán”. Aunque en pocos lugares de Alemania se puede apreciar el legado estético del nacionalsocialismo como en esta ciudad, Nuremberg intenta dar la vuelta a su pasado para que se la identifique como “ciudad de la paz y de los derechos humanos”. Así la sala de audiencias 600, sede de los procesos de Nuremberg es candidata a ser declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco debido a su carácter de cuna del derecho penal internacional.

En otro artículo, David Martínez recorre las calles de la ciudad francesa de Vichy, también marcada por una negra historia ya que entre 1940 y 1944, fue la capital del Estado francés bajo el mando del Mariscal Philippe Pétain, controlado por los oficiales nazis. “Salvo alguna placa conmemorativa que recuerda esta página terrible del colaboracionismo, la ciudad lleva años proyectándose con una gran oferta hotelera sólo para el turismo y para la organización de diversos eventos”, explica el periodista de La Vanguardia. Vichy quiere superar su historia hasta el punto de que sus habitantes “defienden su gentilicio” y se autodenominan ‘vichyssois’ y no ‘vichystes’ (ayudantes de Pétain).