Desde hace poco tiempo, China es oficialmente la segunda potencia económica del planeta. Durante el segundo trimestre, el país produjo una cantidad de bienes y servicios algo superior a la de Japón. Sólo Estados Unidos sigue registrando mejores resultados, pero Washington no debe hacerse demasiadas ilusiones. Con un crecimiento medio de un 4,25 % al año, según Goldman Sachs, la economía estadounidense también deberá rendirse en 2027 ante la economía china, cuyo índice de crecimiento en la última década en pocas ocasiones se ha situado por debajo del 10 %. Actualmente, el país produce casi cien veces más bienes y servicios que en 1978, lo que representa un crecimiento medio de algo más del 14 % al año. Son cifras que hacen que se desate la imaginación.

E incluso llegan a asustar a muchos. La broma "God made heaven and earth, and everything else is made in China’" ["Dios creó el cielo y la tierra y el resto es made in China"] no carece del todo de un cierto temor. Actualmente, China es el mayor mercado automovilístico del mundo. Desde el pasado año, cada mes se venden más vehículos que en Estados Unidos. El país es también el mayor exportador del mundo, superando incluso a Alemania.

Ningún país adquiere más acero o cuero en el mercado internacional de materias primas y recientemente se ha constatado que China consumía más petróleo que cualquier otro país. En muchos ámbitos, progresa irresistiblemente hacia la posición de líder. Y si el país no dispone de la tecnología necesaria, simplemente la compra, como hemos comprobado con la reciente adquisición de Volvo por parte del chino Geely.

Contra el estancamiento global

Pero ¿debemos tener miedo? ¿No tuvimos también miedo en los años ochenta, cuando la economía japonesa ganaba terreno implacablemente mientras que el sector automovilístico de Europa y Estados Unidos parecía que se borraría del mapa? Pero las marcas francesas y alemanas se pusieron manos a la obra y reforzaron sus puntos fuertes, es decir, el diseño, la tecnología y la imagen de marca y trabajaron para mejorar la calidad y la productividad, que eran sus puntos débiles. El reto fue enorme, pero sobre todo las marcas europeas salieron de la batalla visiblemente más reforzadas.

Actualmente ocurre lo mismo con China. El país inunda el mundo de textiles, muebles, productos electrónicos y prendas deportivas a precios asequibles. Esto nos aporta varias ventajas. Sin China, las camisetas, las zapatillas de deporte y los dispositivos de Apple nos costarían claramente mucho más dinero. A corto y medio plazo, debemos alegrarnos por el formidable crecimiento chino. Sin este país, la economía mundial seguiría estancada. La Organización para la cooperación y el desarrollo económicos (OCDE) estima que China representará este año un tercio del crecimiento mundial.

De momento, la producción china sigue siendo complementaria para la occidental. Los productos que requieren una gran cantidad de trabajo manual relativamente sencillo se fabrican en China. Pero cuando las cosas se complican un poco más, la producción se queda en occidente. ¿Durante cuánto tiempo será así? En un país como China, cada año hay más nuevos ingenieros diplomados que en Estados Unidos y Europa juntos.

Un gigante con pies de arcilla

Ahí es donde se encuentra la principal diferencia con respecto al Japón de las décadas de los setenta y los ochenta. Sencillamente hay diez veces más chinos que japoneses y esto dota al país de un potencial mucho mayor que el de cualquier otro país. Pero, según Carsten Brzeski, del banco ING, no hay que preocuparse en exceso, ya que " de lo contrario, Bélgica no habría podido sobrevivir nunca entre sus poderosos vecinos y mucho más grandes, como Alemania y Francia".

De momento, China sigue siendo un gigante con los pies de arcilla. Puede que el país sea desde ayer la segunda potencia económica del mundo, pero también es un país enorme. Si se analiza el PIB por habitante, podemos constatar que China se encuentra en el puesto 127 de la clasificación del Banco Mundial, tras Angola y Azerbaiyán.

Por lo tanto, China sigue siendo un país en vías de desarrollo. Y por ello, según los economistas, parece remota la posibilidad de que China pueda seguir manteniendo durante mucho tiempo el ritmo de crecimiento de los últimos treinta años. El año pasado, con una serie de huelgas se consiguieron importantes subidas salariales. Esto se logró en detrimento de la competitividad, lo que a su vez desacelera el crecimiento.