El 4 de diciembre de 2008 fue confiscada en el puerto de Rotterdam una partida de un medicamento para la tensión llamado Losartan. El fármaco no estaba protegido por patente alguna ni en el país de procedencia, la India, ni en el de destino, Brasil. No obstante, los funcionarios de aduanas se incautaron de los medicamentos por sospechar que se había producido una violación de patente. La liberación y devolución del cargamento a la India no tuvo lugar hasta 36 días más tarde. Los 300.000 brasileños a los que iba destinado el fármaco se quedaron por tanto sin tratamiento.

Lo que ocurrió en el puerto de Rotterdam es un ejemplo de muchos y hace que uno se pregunte si la Unión Europea pone trabas al intercambio. Según algunas ONG como Oxfam Novib y Médicos Sin Fronteras, el año pasado fueron confiscadas en los Países Bajos diecisiete partidas de medicamentos procedentes de países no comunitarios y destinadas a países en desarrollo. Y a principios de año también fue decomisada una importante partida de medicamentos antirretrovirales de la Clinton Foundation. Lo último ha sido una partida de antibióticos que fue embargada en Frankfurt el mes pasado.

"Así no se puede trabajar", comenta Alexandra Huember, miembro del grupo de trabajo de medicamentos de Médicos Sin Fronteras en Ginebra. Según Oxfam Novib, al tránsito de medicamentos genéricos destinados a países en desarrollo se le ponen cortapisas de forma intencionada y sistemática. "La confusión entre genérico e imitación parece ser una estrategia general para oponerse al comercio de medicamentos genéricos. La única que sale ganando es la industria farmacéutica, que es propietaria de las patentes. Los que salen perdiendo son los pacientes de los países en desarrollo", explica Esmé Berkhout, asesora de salud de Oxfam Novib. Berkhout insiste en que la importación de genéricos de países baratos como la India constituye una verdadera solución para ayudar a los países en desarrollo. En 2001, gracias a la aparición de los genéricos en el mercado, el coste de los medicamentos inhibidores del virus del sida disminuyó de 10.000 dólares a menos de 350 dólares anuales por paciente.

Según las organizaciones humanitarias, los fabricantes de genéricos deben enfrentarse una y otra vez con nuevos obstáculos, a pesar de los acuerdos internacionales destinados a promover el acceso de los países en desarrollo a los fármacos. En 2001, bajo los auspicios de la Organización Mundial del Comercio (OMC), la comunidad internacional firmó la Declaración de Doha, la cual formula una excepción para los países pobres en el ámbito de la propiedad intelectual, a fin de permitir que importen versiones genéricas baratas de medicamentos patentados. El endurecimiento de las directivas europeas con vistas a proteger la propiedad intelectual, en este caso el derecho de patentes, parece ser contrario a la declaración.

A raíz de las preguntas formuladas por las organizaciones de ayuda internacional, la Comisión Europea ha hecho saber que respeta el Acuerdo de Doha, pero que se ha visto obligada a llevar a cabo estrictos controles debido a la magnitud del tránsito de medicamentos falsificados procedentes de países como la India o China. La Comisión señala igualmente que los medicamentos no han sido confiscados, sino sólo “retenidos” temporalmente.

Las organizaciones humanitarias sospechan que la industria farmacéutica tiene una influencia directa en las aduanas. Creen que, cuando se interceptó la partida de Losartan procedente de la India, las aduanas recibieron un aviso de Merck, la empresa estadounidense que sigue en posesión de la patente de este medicamento en Europa.

En una declaración a Médicos Sin Fronteras, Merck reconoce que en el caso concreto del puerto de Rotterdam "debería haber tenido más presente que los fármacos iban destinados a un país en el que Merck no tiene ya derechos sobre la patente".