El próximo mes de enero, siete años después de que Rumanía y Bulgaria se adhirieran a la Unión Europea, expirarán los controles finales transitorios sobre inmigración impuestos a estos países. En Reino Unido ya se están estableciendo paralelismos con la “oleada” de inmigración de 2004, cuando Polonia y los otros países denominados A8 [República Checa, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia, Eslovaquia y Eslovenia, que entraron a formar parte de la UE en 2004] obtuvieron el derecho a viajar y a trabajar por toda la UE, [tras lo cual Reino Unido introdujo medidas entre 2008 y 2011 para limitar el número de trabajadores que podían trabajar en el país después de la adhesión estos países a la UE].

Sin embargo, los principales factores “de atracción” de la inmigración, entre los que se incluyen las oportunidades de empleo, unos ingresos nacionales brutos (INB) per cápita y unas oportunidades comparables en la UE, sugieren que el flujo de inmigración procedente de Rumanía y Bulgaria no sólo será inferior al de los niveles de 2004, sino que también se dispersará más por los Estados miembros de la UE.

Un estudio reciente publicado por el Observatorio de Inmigraciones de la Universidad de Oxford ha determinado el impacto a largo plazo de la inmigración procedente de los países A8 en Reino Unido y sitúa el efecto de “tsunami” en un contexto más amplio.

Las estimaciones en 2004 predijeron que se desplazarían 15.000 personas al año desde los nuevos Estados miembros de la UE a Reino Unido, mientras que el flujo medio anual de migración internacional a largo plazo de los ciudadanos de la UE aumentó hasta unos 170.000 en el periodo entre 2004 y 2010, en comparación con los 67.000 de los seis años anteriores.

Una profunda marca en la escena política

Del porcentaje total de ciudadanos de la UE, los inmigrantes de los países A8 representaron alrededor del 50% de ese movimiento, lo que significa que los europeos del Este sólo constituían un tercio del flujo migratorio total hacia Reino Unido. No obstante, el hecho de no anticiparse al impacto de la eliminación de estas restricciones dejó una profunda marca en la escena política británica.

El Partido por la Independencia de Reino Unido (UKIP) ahora muestra en su sitio web un cronómetro que marca la cuenta atrás del tiempo que queda para que, tal y como también ha advertido The Telegraph, “Veintinueve millones de búlgaros y rumanos tengan derecho a vivir y a trabajar sin restricciones en Gran Bretaña”.

Una investigación del Open Society Institute en Sofía indica que el flujo de inmigrantes búlgaros sería “mucho menos importante en volumen y sería mucho menos probable que [...] causara una alteración en el mercado laboral” como el acceso de los países A8.

Uno de los principales elementos impulsores de la inmigración económica es una gran diferencia entre los niveles de desempleo. En 2004, Polonia registraba un desempleo del 18,9%, en comparación al 4,6% de Gran Bretaña. Si bien Bulgaria sigue siendo un país pobre, su tasa de desempleo ha descendido al 12,4%, comparado con el 7,8% de Reino Unido. Dada la tendencia ascendente del desempleo en Reino Unido, se pone en duda el atractivo del país como destino para la inmigración económica. Y en el caso de Rumanía este hecho es aún más patente, ya que el desempleo es del 6,7%, menos que en Reino Unido.

Un destino menos atractivo

Tal y como señaló recientemente Ivan Krastev, director del Centre for Liberal Strategies en Sofía en The Guardian, si el desempleo fuera el único factor impulsor, España y Grecia serían candidatos más claros para la emigración. Dado que en Rumanía está descendiendo la población joven, que es por lo general el grupo con mayor movilidad, también se reduce el conjunto de emigrantes en potencia, y estos se extenderán de un modo más disperso en busca de oportunidades.

El diferencial de ingresos, medido mediante el INB per cápita, y la consecuencia de desear un mejor nivel de vida, indica que Reino Unido es un lugar en el que los inmigrantes desean trabajar, pero mucho menos de lo que era en 2004.

Los INB per cápita de Rumanía y Bulgaria se encuentran entre la mitad y un tercio del INB de Reino Unido, respectivamente, es decir, mucho menos que el nivel de Polonia (un quinto) durante el aumento repentino de la inmigración en 2004.

Más oportunidades para elegir

La proliferación de los mercados laborales en la UE, generados por la eliminación mutua de restricciones de visados en Austria, Bélgica, Alemania, Irlanda, Luxemburgo, Malta, Países Bajos y Francia, así como Reino Unido, plantearán más oportunidades de elección a los inmigrantes.

El trazado de las tendencias clave de la inmigración no es una ciencia exacta y sin duda se producirán aumentos en los flujos migratorios. Pero el instinto de predecir las cifras de la inmigración al minuto parece generar inevitablemente un discurso de alarmismo obsoleto sobre un embrollo de trabajos, viviendas y recursos del Estado del bienestar, por no hablar de cómo se cuestionan los motivos de los que emigran.

Estos argumentos no servirán de mucha ayuda a los políticos a la hora de afrontar los problemas económicos y sociales endémicos que surgen de un mercado común y además entorpecerán las opciones de entablar una relación positiva con la nueva Europa del Este.