El ejercicio era nuevo, aunque el contenido algo menos. El 7 de septiembre, José Manuel Barroso ha pronunciado ante el Parlamento de Estrasburgo su primer discurso sobre el estado de la Unión Europea, una cita instituida por el Tratado de Lisboa. El presidente de la Comisión "era esperado en un momento crucial", recuerda La Croix.

"Tras meses de críticas sobre su pasividad de cara a la crisis mundial y las dificultades presupuestarias griegas, los eurodiputados recibieron más bien positivamente en Estrasburgo su catálogo de proyectos para el otoño", estima el diario francés. Peropara Volkskrant, que califica el discurso de "lista insulsa de nuevas iniciativas", "Barroso no ha cumplido su objetivo con una avalancha de palabras".

"Se ha hecho del Estado de la Unión la exposición de una estrategia económica a la que tenemos derecho", juzga por su parte La Libre Belgique, que apunta en particular "el retorno de una idea propuesta por Jacques Delors a la que se opuso en la época Alemania, la de recurrir a los préstamos europeos para financiar grandes proyectos de infraestructuras, en colaboración con el Banco Europeo de Inversiones". En resumen, para el diario de Bruselas, "es un José Manuel Barroso clásico" el que se ha presentado ante los eurodiputados.

Un simple diagnóstico de la situación

La UE, subraya El País, ha querido "imitar" el "rito con más de dos siglos de historia" de los discursos de los presidentes de Estados Unidos sobre el Estado de la Unión. En su blog de Financial Times, el cronista Gideon Rachman estima que Barroso, "ha mantenido su campaña para ser considerado igual que el hombre de la Casa Blanca". Ciertamente, apunta Polska, existe una similitud entre Barack Obama y Barroso: "los dos no sólo luchan para reconstruir sus economías tras la crisis, sino también por restaurar la confianza" en su liderazgo. Pero "las declaraciones del presidente americano desembocan en leyes mientras que la mayoría de las declaraciones de Barroso no son más que un diagnóstico de la situación o de sus propios deseos", estima Dziennik Gazeta Prawna.

De hecho, informa De Volkskrant, "no queda nada del texto original del discurso debido a la fuerte presión de los comisarios (que tienen cada uno su propio mensaje para hacer llegar) y los oficiales". Porque "la élite de Bruselas", considera Polska, "sueñan con convertirse en una entidad única, y no ser 27 proyectos separados". Sin embargo, las manifestaciones en Francia y la reciente huelga de metro de Londres prueban que esto no es más "que un sueño". En consecuencia, señala desde Varsovia Dziennik Gazeta Prawna, "el verdadero significado del discurso" es que "la burocracia europea está a la defensiva y que son los Estados los que muestran una verdadera integración". Tal y como subraya Público en Lisboa, "este discurso, esperado desde hace mucho tiempo, está lejos de haber impresionado a los eurodiputados, que esperaban escuchar una estrategia clara para sacar a la UE de la deriva intergubernamental".

Un hombre sin visión que habla como una máquina

"¿Estamos nadando o yéndonos a pique?", se pregunta Gazeta Wyborcza. "El problema de Europa que no ha resuelto el Tratado de Lisboa es la ausencia de un liderazgo fuerte". En este contexto, la competición entre diferentes instituciones de la UE (la Comisión, el Consejo Europeo y el Parlamento) no aporta nada bueno. "Ya es hora de que las instituciones europeas dejen de lado sus ambiciones y comiencen a hacer algo unidas para los europeos".

Y ya que Bruselas quiere parecerse a Washington, se pregunta Der Standard, mientras que un presidente norteamericano "se dirige a la población explicando las grandes líneas de su política", el hecho de que Barroso "comience un discurso retransmitido en directo con una formulación que se dirige al presidente del Parlamento y a los diputados, pero no a sus 'queridos conciudadanos' es un "eterno misterio".El jefe de la Comisión, lamenta el diario vienés, se presenta como "ejecutor inalcanzable y por encima de todo el mundo, que no quiere atacar a nadie, que evita la palabra expulsión de gitanos, un hombre sin visión que habla como una máquina. No se puede, no se debe hablar así a los ciudadanos", concluye.