El Estado portugués se desintegra poco a poco. En abril de 2011, cuando el país recibió un préstamo de 78.000 millones de euros de la troika (UE, BCE y FMI) para evitar la bancarrota, se comprometió a realizar privatizaciones. Pero bajo los auspicios de Passos Coelho, alumno modelo de la disciplina presupuestaria exigida, se aceleró la venta de las "joyas de la Corona", o de lo que quedaba de ellas. La finalidad era reducir drásticamente el déficit público. A finales de 2012, para satisfacción de la troika, el país cerró sus cuentas con un déficit del 5,6% del PIB, en contraposición al 6,7% del año anterior. El objetivo es llegar al 3% a finales de 2014.

Al igual que otros elementos del patrimonio de Portugal, hundidos en plena recesión y sometidos a recortes presupuestarios feroces, se han puesto en venta los astilleros de Viana do Castelo. Desde 2012, se han presentado candidatos noruegos, chinos o brasileños para abalanzarse sobre el número uno nacional del sector. Pero las negociaciones con el Empordef, el organismo estatal propietario, se han ralentizado. “Todo está parado por la indecisión”, se lamenta Antonio Costa. Al final, el grupo ruso RSI, del magnate Andrei Kissilov, sin ninguna experiencia naval, concluirá la adquisición de los astilleros de aquí a marzo, por 10 millones de euros. Además, el Estado tendrá que pagar una pesada deuda de 280 millones de euros. Un destino triste para estos astilleros emblemáticos, nacionalizados tras la Revolución de los Claveles de 1974, que hasta los años 1990 rebosaban de encargos y emplearon hasta a 2.800 personas.

"Estamos viviendo terrorismo psicológico"

Con las inmensas grúas inmóviles de fondo, cientos de trabajadores se dirigen con la cabeza agachada y el paso rápido hacia el comedor de la empresa. Son las 13 horas. Les espera el almuerzo. Para ser exactos, son 526 trabajadores de los astilleros de Viana do Castelo (al norte de Portugal), una ciudad situada entre el río Lima y el océano Atlántico. Esta mañana, como todos los días, han fichado a las 8 para luego no hacer nada, jugar a las cartas, conversar, matar el tiempo; sólo una treintena han trabajado en la reparación de un navío. Desde 2007, los astilleros han vivido un lento declive y en los últimos meses, la actividad es prácticamente nula, dada la ausencia de pedidos. Se firmó un contrato con Venezuela para la construcción de dos petroleros para el transporte de asfalto por un valor de 128 millones de euros y que tenían que entregarse en 2014, pero los trabajos se detuvieron, sin que se sepa realmente por qué.

“Lo que estamos viviendo aquí es terrorismo psicológico”, confiesa en la puerta de entrada Antonio Costa, presidente del comité de empresa, con aspecto cansado y un gesto hastiado. “Los nervios están a flor de piel, algunos sufren crisis de ansiedad. No hacer nada, no saber nada, te mina la moral”. Él empezó a trabajar aquí cuando tenía unos 14 años. La mayoría llevan cuatro decenios en estos muelles: toda una vida. “A la mayoría les gustaría jubilarse anticipadamente, a los 55 años, pero con la nueva ley es imposible”, explica con tristeza su compañero José Pereira. El Gobierno conservador de Passos Coelho, defensor de la austeridad en todos los ámbitos, suprimió las prejubilaciones y retrasó la edad legal de jubilación a los 65 años.

A los cerca de 80. 000 habitantes de Viana, como al resto del país, les preocupa la incesante oleada de privatizaciones. “Algunas de estas empresas estatales son joyas, otros oropeles, pero todas constituyen grupos estratégicos. Y las perdemos para siempre”, afirma con preocupación Bernardo S. Barbosa, director del semanario local A  Aurora do Lima. El alcalde socialista, José Maria Costa, comparte la creciente preocupación nacional: la sensación de perder la soberanía. En un gran salón municipal, este ingeniero de formación se muestra en contra de la política del ejecutivo: “Al desposeernos de grupos públicos tan importantes en beneficio de empresas extranjeras, y por lo tanto de intereses privados, lo que ponemos entre paréntesis es el control de nuestro destino. Temo incluso que esto condicione al final nuestra libertad y nuestra democracia”.

Existen alternativas

En este lugar, lo que genera más angustia es el destino de los astilleros (ENVC). Después del hospital público, el Ayuntamiento y la empresa alemana Enercon (que emplea a 1.200 personas en la fabricación de aerogeneradores), ENVC es el gran proveedor de empleos en esta región del Alto Minho. Sobre todo porque, en el momento en el que se registran pedidos, la actividad tiene un efecto multiplicador en todas las empresas periféricas, desde los transportes a las pequeñas y medianas empresas que fabrican piezas de ensamblaje, pasando por el comercio local. “Desde que se paró la actividad de los astilleros, es una depresión", lamenta la hostelera Lucilia Passos Cruz. Cuando hay actividad, los trabajadores extranjeros llenan los restaurantes y los hoteles. "Lo único que nos queda es el turismo y los lugares para hacer surf”.

Muchos están convencidos de que existen alternativas. “En lugar de malvender nuestros astilleros", explica el alcalde José Maria Costa, "el Estado podría mantener el control y asociarse a los armadores extranjeros. Hay países como Brasil, México o Chile con grandes necesidades de barcos. Se podrían crear más de 3.000 empleos". Branco Viana, presidente de la Unión sindical, comparte esta opinión: “El Estado debería conservar al menos el 35% de las acciones. Los rusos [nota de la redacción: los futuros compradores] han prometido que no acabarán con los empleos. Pero en cinco años, pueden perfectamente abandonar el lugar y dejar a los 526 obreros a su suerte. Y nosotros, los sindicatos ¿a quién podremos acudir para protestar? ¡El Estado se lavará las manos!”.