En primer lugar, el gato salta de la cama. Los animales domésticos presienten las catástrofes. Después los rugidos se dejan oír y se terminan con un golpe que hace vibrar los cristales y temblar los muros. En todos los pueblos agrupados en los ayuntamientos de Loppersum y Slochteren, a veces incluso en los alrededores de la ciudad de Groninga, será una noche más de insomnio.

Muros que se fisuran, puertas que se atrancan, una tela que cae; desperfectos nefastos pero que se pueden gestionar. Lo peor es el miedo. ¿Se va a acabar? No hay muchas opciones de que así sea, según el informe del Staatstoezicht op de Mijnen [el organismo de regulación de las actividades de explotación del subsuelo] que Henk Kamp, ministro de Asuntos Económicos, hizo público a finales de enero: estos últimos años los temblores de tierra provocados por la extracción de gas del yacimiento de Groninga se han magnificado, tanto en frecuencia como en intensidad. Según las previsiones, el subsuelo continuará moviéndose durante al menos medio siglo más.

El mayor yacimiento del mundo

Henk Kamp hizo lo que la Nederlandse Aardolie Maatschappij (Nam) [sociedad neerlandesa de petróleo] hubiese tenido que hacer hace años: reconocer que el subsuelo en la provincia de Groninga se debilita por la extracción de gas, lo que va acompañado de ligeros terremotos. Según Reint Wobbes, del pueblo de Huizinge, que milita en el seno de la Fundación Oude Groninger Kerken [por la protección de las viejas iglesias de la región]: “Kamp habla de medidas preventivas. Pero no tengo ni idea de qué hay que hacer. Esta región es culturalmente una de las más antiguas de Europa. ¿Cómo proteger ahora las casas y el resto de los edificios, iglesias que cuenta con muchos siglos? Hubiese habido que tomar estas medidas mucho antes. ¿Por qué el impulso ha tenido que llegar de una iniciativa ciudadana, el Groninger Bodem Beweging [movimiento para el subsuelo de Groninga]? ¿Por qué las autoridades no han velado más por proteger a la población?”

Los campos desnudos cubiertos de nieve, la tierra cultivada espera la primavera. Sobre las tierras altas apenas se aprecia la extracción del gas. No se huele, no se ve. La primera perforación sobre el “yacimiento de Slochteren” tuvo lugar el 22 de julio de 1959, sobre las tierras de M. Boon, un agricultor de cerca del pueblo de Kolham. Pero la euforia no llegó hasta algunos años más tarde, cuando se demostró que este yacimiento de gas era la reserva más grande de un único dueño en todo el mundo. Sin embargo, la región no se ha enriquecido. En virtud de la ley minera de 1810, los minerales extraídos del subsuelo no pertenecen al propietario del terreno, sino al Estado. Lo que en ocasiones suscita algunas contrariedades.

Una seguridad social generosa

No es nada grave, considera Herman de Jong, profesor de historia económica de la universidad de Groninga [Rijksuniversiteit Groningen (RuG)]: “Prefiero no imaginar qué hubiese pasado si no hubiese existido la ley minera. Ahora muchos ciudadanos de Groninga serían ricos y tendrían ideas muy locas, y el impacto sobre el empleo hubiese sido de corta duración. Sin embargo, hemos podido construir un sistema de seguridad social generoso y consagrar grandes inversiones a infraestructuras, concretamente en los trabajos del Plan Delta”.

“Sería mejor que orientásemos nuestra economía al momento en que dejemos de percibir los ingresos por el gas, en unas tres décadas. Los Países Bajos no han reflexionado nunca a largo plazo, convencidos de que se iban a pasar a la energía nuclear. El yacimiento de gas sirve desde hace años para subsanar los agujeros del presupuesto. Noruega adoptó un enfoque más juicioso, reservando los beneficios del petróleo y del gas en un fondo público: los intereses que genera sirven para financiar los gastos dedicados a la enseñanza y a las infraestructuras”.

Shell y Esso, socios de NAM, acumulan buenas sumas de dinero con la extracción de gas de Groninga, afirma Herman de Jong. “Pero el Estado también saca provecho. Un contrato ingenioso le permitió desde el principio percibir altos ingresos por impuestos”. El yacimiento de Groninga ya ha generado más de 200.000 millones de euros para las arcas del Estado. Dentro de dos décadas, Países Bajos ya se habrá beneficiado durante 75 años.

Groninga, plataforma energética

Los habitantes de Groninga sin embargo empiezan a preguntarse qué es lo que les ha aportado, estos cincuenta últimos años, el gas que tenían bajo sus pies, además de un lento debilitamiento del suelo. El Partij voor het Noorden [que milita por los intereses de los habitantes de las provincias del norte de los Países Bajos: Groninga, Drente y Frisa] exige que un cuarto de los beneficios obtenidos del gas natural se inviertan en la región.

Jan Willem Velthuijsen, asociado de PwC y profesor experto en energía y flujos financieros vinculados en la Universidad de Groninga, considera también que los Países Bajos deben invertir en la provincia de Groninga. No porque el gas se extraiga de allí, sino porque el norte tiene que jugar un papel importante en el suministro energético.

“Hay buenos motivos para invertir en la provincia de Groninga como plataforma energética. La estación de interconexión que estamos construyendo es esencial para el suministro energético de Europa. Estamos vinculados al mercado alemán, que prima un desarrollo sostenible, que hace que las centrales de gas presenten ventajas. Son baratas y limpias. El cable submarino que encauza la hidroelectricidad que proviene de Noruega está conectado aquí y recibimos también el gas ruso. La infraestructura es fantástica, las canalizaciones y los yacimientos de gas son perfectos no solo para bombear el gas, sino también para almacenarlo. Podemos almacenar el gas ruso con bajo coste, y distribuirlo cuando los precios suban. El grifo se puede abrir y cerrar a nuestro gusto, es mucho más fácil aquí que en cualquier otro sitio”, explica.