Al leer los informes de la última cumbre sobre el presupuesto de la UE, se podría pensar perfectamente que sólo hay tres Estados que importan en la toma de decisiones de la UE.

Sin embargo, en política exterior, los Estados pequeños son cada vez más los protagonistas de las noticias.

La clasificación o "scorecard" en materia de política exterior europea del Consejo Europeo de Relaciones exteriores [ECFR, del inglés European Council for Foreign Relations] realiza un seguimiento de todas las contribuciones, desde las instituciones de la UE hasta los Estados miembros, que tienen un impacto en la política exterior europea.

El liderazgo de los tres grandes en declive

Entre la tendencia general que muestra la scorecard de 2013 de una cooperación de los Estados miembros en política exterior de la UE (en 2012, se produjo un descenso importante en el número de países clasificados como "holgazanes" en cuestiones de políticas concretas, especialmente en los casos de Chipre, Italia y Polonia), también se observa que los Estados más pequeños pueden desempeñar una función destacada a la hora de liderar iniciativas.

Mientras que el liderazgo de los tres grandes descendió notablemente el año pasado, las interesantes coaliciones de los Estados miembros más pequeños fueron cruciales en el desarrollo y la defensa de iniciativas en política exterior.

Aunque Alemania, seguida muy de cerca por Reino Unido y Francia, aún destaca entre el resto en lo relativo al número de veces que se clasificó como líder en una cuestión de política exterior en 2012, el motor franco-alemán apenas contribuyó al desarrollo de la política exterior y se redujo la diferencia entre la UE3 y los Estados más pequeños.

El efecto multiplicador

La insólita alianza de Dinamarca e Irlanda fue crucial a la hora de presionar para que la UE adoptara una posición común sobre el etiquetado de productos exportados desde los asentamientos israelíes, mientras que Reino Unido mostró su apoyo únicamente una vez que dicha alianza había planteado la idea.

Austria, Bélgica, Estonia e Irlanda también fueron líderes fundamentales (junto a Estados más grandes como España, Polonia, Italia, Francia y Alemania) con sus contribuciones en las misiones de la Política Común de Seguridad y Defensa.

En la ONU, el apoyo de la UE a la firma de un tratado sobre el comercio de armas no sólo estuvo impulsado por Francia y Reino Unido, sino también especialmente por Bélgica, Bulgaria, Finlandia, Irlanda y Suecia.

Sin duda, el efecto multiplicador de la UE es mayor en el caso de los Estados pequeños que en el de los grandes.

Aunque puede que al final se equivoquen aquellos británicos que creen que Londres no perdería su influencia si saliera de la UE, claramente esta cuestión ni siquiera se plantearía en Lisboa, Sofía o Tallin.

Aunar recursos políticos

En definitiva, los Estados más pequeños tienen más interés que el resto en tratar de ganar peso en la política exterior de la UE. No obstante, la UE en general se beneficia cuando uno de sus miembros impulsa una decisión dentro de esa política.

Cuando el ministro de Exteriores búlgaro Mladenov lideró la idea de que un pequeño grupo de ministros de Exteriores representara a la jefa de la política exterior de la UE, Catherine Ashton, en su visita al Líbano, Irak y el Cáucaso Sur en 2012, el frente unido de los ministros Mladenov, Bildt (Suecia) y Sikorsky (Polonia) tuvo un reflejo positivo en la UE como un colectivo, que mostraba una buena disposición para aunar los recursos políticos.

Y, con claridad, el liderazgo personal tiene un gran impacto en lo que de lo contrario hubiera sido otro mecanismo más de las herramientas técnicas en política exterior de la UE.

Revisión oficial del SEAE

Tal y como demostró el debate doméstico sobre el activismo de Mladenov en Oriente Medio y la región de África del Norte tras los ataques terroristas en Burgas, el compromiso en el esfuerzo colectivo europeo tiene un precio en casa, pero aún así, el ministro continuó con su impulso.

Ahora que el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) va a llegar a su mayoría de edad y se someterá a una revisión oficial, está claro que por muy lejos que llegue el nuevo servicio diplomático, su fortaleza dependerá de la inversión política que permitan realizar las capitales de los Estados miembros.

Hasta ahora, dicha inversión está aún muy lejos de hacer que el SEAE desarrolle su máximo potencial en lo relativo a las funciones que podría desempeñar y en conciliar la Europa tecnócrata previa al Tratado de Lisboa con la poderosa Europa de los Estados miembros.

Aún así, los esfuerzos de los Estados más pequeños en 2012 nos dan motivos para esperar que con el tiempo podría liberarse el poder que reside en la diversidad de la UE y emplearse en beneficio del impacto global de Europa.