La crisis de las deudas soberanas europeas, producida por la deuda pública de los Estados miembros pero que se agudizó por las medidas adoptadas para rescatar a los bancos tras la crisis de 2008, pone de manifiesto al menos tres aspectos. Primero, que la moneda no existe sin un Estado. Segundo, que el capitalismo no puede gestionarse únicamente por el mercado. Y tercero, que las medidas de austeridad no sacarán a Europa de la crisis, sino que de hecho seguirán empeorando la situación, hasta que quiebre el euro.

Sin embargo, la conclusión más importante que se puede sacar de la crisis es que la reinvención política de Europa dependerá exclusivamente de la lucha social contra la política neoliberal. El neoliberalismo, la idea absurda del gobierno económico basado exclusivamente en el mercado y su capacidad de autorregularse, se encuentra en la raíz de la gran ilusión de una Europa sin liderazgo, supuestamente unida por un euro que ha controlado las diferencias internas económicas y sociales según la lógica de los mercados financieros.

Y aún así, el neoliberalismo sigue siendo el único idioma que utilizan los políticos europeos para afrontar la crisis y los conflictos sociales que se producirán en los próximos meses. No existe ningún gobierno europeo, sólo una gestión de las medidas de austeridad y de represión. Las pruebas de resistencia de los bancos sirvieron de poco, sólo dieron un pequeño aliento de vida a los bancos alemanes y franceses que se habían expuesto a la deuda soberana de los países en condiciones más desfavorecidas de la UE. Los recientes éxitos económicos de Alemania, con el aumento de las exportaciones en especial hacia áreas fuera de la eurozona, no pueden invertir la dirección de la crisis del euro.

La "deseuropeización" de Europa

De hecho, las fracturas existentes entre los países económicamente sólidos y aquellos cuya industria está debilitada, condicionados por la política del Banco Central Europeo, sólo pueden empeorar. Es muy probable que el resultado final de esta crisis sea la salida de Alemania del euro: es cuestión de tiempo. La salida de Grecia o de España de la eurozona no sanaría estas fracturas dentro del bloque central de la UE ni la división entre Alemania, centrada en los mercados asiáticos y sudamericanos, y Francia, que lleva un tiempo perdiendo poder económico y credibilidad política.

La crisis estadounidense y la desaceleración del crecimiento en países como China, India y Brasil serán el golpe de gracia para el euro y el deseo político de conservar el proyecto europeo. El agotamiento de los métodos para estimular la economía aplicados por el gobierno de Obama y la Reserva Federal, la desaceleración del crecimiento en China para evitar el estallido de la burbuja inmobiliaria y el aumento de los tipos de interés en India ante la creciente inflación impedirán que tenga éxito cualquiera de los intentos por reactivar la economía europea aprovechando la debilidad del euro y la solidez de la economía alemana.

En este contexto, será imposible aplicar las medidas de austeridad impuestas en todos los países de la eurozona. Se producirá una estampida para abandonar el plan de estabilidad europea y en breve, tal y como ha demostrado Hungría, tendrá repercusiones en la política económica y social dentro de los Estados miembros. Por ello asistimos a la "deseuropeización" de Europa.