La victoria de la lista de Pepito Grillo (tal como siempre se tradujo en España el personaje del Pinocchio de Collodi) en las recientes elecciones italianas ha vuelto a traer a colación el resurgir del populismo por efecto de las contradicciones entre capitalismo y democracia, que han abierto una crisis política como consecuencia de la especulación financiera. La secuencia ya la vimos en Grecia, cuando su sistema de partidos se derrumbó ante la presión de los mercados en beneficio electoral de dos populismos antisistema de signo opuesto (el ultraderechista Amanecer dorado y Syriza por la izquierda radical), tras un periodo de excepción bajo gobierno tecnócrata de estricta obediencia financiera. Y ahora en Italia ha vuelto a ocurrir lo mismo, pues las urnas han emitido un mandato electoral que supone un rechazo explícito tanto de la solución tecnocrática impuesta por los mercados como del viejo establishment en que medraba la castapolítica.