Crisis: Reinventar el futuro

4 octubre 2010 – La Repubblica (Roma)

En América y en Europa la crisis económica cada vez se parece más a una crisis existencial. El sociólogo francés Alain Touraine considera que existen soluciones para construir un futuro diferente, pero que los políticos no saben cómo aprovecharlas.

Las tres crisis. Esta fórmula parece una construcción artificial, pero no lo es. Detrás de la crisis financiera subyace una crisis monetaria y económica que se ha revelado en una crisis política. Además los países europeos son aparentemente incapaces de recapacitar y prepararse para el futuro, lo que representa una tercera crisis.

La primera crisis, la más evidente, fue la crisis financiera que alcanzó su culmen con la caída de la banca de inversión neoyorquina Lehman Brothers. Esta crisis tuvo un mayor impacto en Estados Unidos y en Gran Bretaña, pero también afectó a Europa Continental. Por otro lado, otras regiones del mundo han tardado mucho menos en recuperarse e incluso han alcanzado altos índices de crecimiento.

Algunos creían que la crisis ya había terminado y que la recuperación estaba asegurada cuando, principalmente en Europa, estalla una crisis presupuestaria y económica a principios del 2010. Esta crisis comenzó con una sacudida monumental: Grecia estaba al borde de la quiebra. Empezábamos a descubrir la gravedad de nuestras dolencias: los gigantescos déficits presupuestarios, el crecimiento vertiginoso de la deuda pública, la incapacidad de casi todos de disminuir las elevadísimas cifras del paro.

Esta crisis era principalmente política y demuestra la incapacidad de los países europeos para gestionar su economía, reducir el gasto público, aumentar la recaudación fiscal y sobre todo, conseguir que se recupere el crecimiento, sin el cual es imposible la recuperación presupuestaria.

Conquista y opresión

La tercera crisis que sacude a Occidente es la carencia de un proyecto de civilización, lo que no es fácil de apreciar a primera vista. Durante siglos, Europa Occidental ha concentrado todos los recursos en manos de una élite dirigente: primero la de las monarquías absolutas y posteriormente la de los grandes capitalistas.

De este modo consiguió conquistar gran parte del mundo en tan solo unos siglos. Pero este modelo de conquista se sustentaba en dos particularidades peligrosas. La primera de ellas es que el conjunto de la sociedad estaba despiadadamente sujeto al poder de los mandatarios. Desde los súbditos del rey hasta los trabajadores de la industria, pasando por los habitantes de los países colonizados, las mujeres y los niños, todos estaban sometidos a un dominio implacable. En el modelo occidental la conquista y la opresión iban siempre de la mano.

La segunda flaqueza del modelo es que favoreció la creación de Estados que estuvieron en guerra durante siglos, hasta que en el siglo XX Europa se dio a sí misma la puntilla con dos guerras mundiales y una oleada de regímenes totalitarios. Las luchas entre los Estados nacionales finalizaron una vez se instituyó la hegemonía norteamericana y se creo la Unión Europea, cuya construcción reposa en la debilitación de los Estados. El sistema social europeo se ha ido debilitando más lentamente.

Una Europa sin futuro

Los pueblos derrocaron a sus monarcas, los obreros conquistaron derechos sociales, las colonias se independizaron, las mujeres han adquirido derechos, aunque todavía no han acabado totalmente con las desigualdades que les afectan. Pero después de esta “Belle époque”, de estos años de democracia social vividos durante la segunda mitad del siglo veinte, Europa, libre del padecimiento más atroz y de la más absoluta de las locuras, se encuentra sin un modelo de desarrollo, sin un proyecto de futuro.

Las voces más representativas de los últimos siglos provenían de Europa, pero ahora el viejo continente calla y parece estar hueco, principalmente porque no ha sabido reemplazar el antiguo modelo de modernización con uno nuevo. Pero esto es algo que se puede hacer y, además, ya sabemos cuales son los asuntos que deberían ser esenciales durante este siglo: los ecologistas han demostrado que hay que equilibrar los derechos de la economía con los de la naturaleza, los movimientos culturales nos han enseñado que un gobierno debe representar a la mayoría sin dejar de respetar los derechos de las minorías.

Las mujeres, de forma más privada que pública, han empezado a construir una sociedad cuyo objetivo es reconciliar dos polos opuestos, dando mayor prioridad a la integración personal que a la conquista externa. Pero estos grandes proyectos, que deberían transformase en políticas, tienen más peso entre la opinión pública que en los gobiernos.

Impotencia política y cultural

No obstante, aunque es factible diseñar un futuro, carecemos de las herramientas políticas y sobre todo de las herramientas intelectuales necesarias para superar unas crisis de las que hasta ahora sólo hemos intentado atenuar los efectos más devastadores. El capital financiero es el único sector de la vida económica que se ha recuperado rápida y sólidamente.

Al mismo tiempo, la desigualdad social se amplía una vez más, la economía de producción se siente arrastrada fuera de Europa y el debate político no ha cambiado en ningún país. No podemos seguir culpando a la crisis de nuestra incapacidad política, ni siquiera de la intelectual, de hecho ha sido esta última una de sus principales causas. Esto deja claro cuáles son nuestras prioridades, no saldremos de la crisis económica si antes no hemos superado la crisis política y cultural.

De ahí la urgencia de restablecer la situación política y de que se produzca un renacimiento intelectual y cultural. Bélgica y los Países Bajos están deshechos por el populismo chovinista y xenófobo. La vida política en Italia y en Francia se ha desmoronado y hay que reconstruirla desde los cimientos. Teniendo en cuenta el papel dominante de los Estados Unidos hace falta que Obama alcance la victoria frente al partido republicano, actualmente dirigido por la facción más reaccionaria y obtusa.

Los economistas más reputados nos han enseñado que las respuestas sociales y políticas son fundamentales para superar las crisis económicas, pero parece que los políticos todavía no se han enterado. No podemos avanzar poco a poco y además tampoco tenemos claro si estamos yendo hacia delante o hacia atrás, necesitamos urgentemente imaginar, concebir y construir el futuro, disipando la bruma y el silencio que nos impiden discernir las herramientas políticas fundamentales para construirlo.

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