"Hast du einen Opa, schick ihn nach Europa" – "Si tienes un abuelo, ¡envíalo a Europa!": es lo que se suele decir para burlarse de los perdedores en política que acaban en las vías muertas de Bruselas, donde terminan su carrera en el olvido. No interesan a nadie. Los micrófonos y las cámaras se apagan cuando se presentan ante el atril, como pobres ratones grises olvidados en una Bruselas monótona y húmeda.

Y sin embargo, la realidad es totalmente opuesta a esta imagen. Quizás sólo los príncipes vivan mejor que los comisarios europeos, pues si éstos así lo desean, pueden ejercer una influencia mucho mayor que la de cualquier ministro. Económicamente, se encuentran en una situación sin duda mejor que la de la mayoría de sus compañeros de partido, que les han expulsado del comedero nacional para enviarles a tierras europeas. En Bruselas se ríen de los escasos sueldos de sus compañeros nacionales.

Bruselas escapa al rigor

Por decirlo de algún modo, el puesto de comisario europeo es un sueño para cualquiera: un ritmo de vida de lujo, con chófer, secretarias personales, portavoces y muchos otros colaboradores. Sin olvidarnos de los atractivos ingresos. Y cuando finaliza su mandato europeo, es aún mejor: entonces es cuando llegan las generosas indemnizaciones transitorias y las pensiones de ensueño. Los llamamientos al rigor que resuenan por todo el continente y los proyectos de prolongar la edad de jubilación a los 70 años no tienen validez en Bruselas. Aquí hay dinero en abundancia. Las cajas se desbordan, literalmente. Así pues, ¿por qué no disfrutar de ello?

En las oficinas del edificio bautizado como Berlaymont, en la rotonda Schuman, en pleno centro de la eurocracia bruselense, cada uno se sirve generosamente. El intérprete debutante en su trabajo comienza con un sueldo de 4.190 euros al mes. En el caso de los altos funcionarios, llegan fácilmente a los 16.000 euros al mes. A esto se añaden las primas de expatriación, de hogar, la asignación para los hijos, para su educación y la guardería. Los niños van a colegios europeos privados, financiados cada año por los contribuyentes europeos con hasta 100 millones de euros.

Para los grandes responsables políticos, el sueldo, como es natural, es algo más elevado: un comisario europeo recibe 19.910 euros como salario base. El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, se embolsa 304.000 euros al año. La mayoría de altos responsables europeos reciben además una indemnización de residencia. La nueva alta representante de Asuntos Exteriores de la Unión, la inglesa Catherine Ashton, recibe alrededor de 323.000 euros al año. A esto se añaden los complementos para su presupuesto privado y los gastos de representación. El resultado es que, esta lady laborista supera con creces a sus compañeras Angela Merkel o Hillary Clinton. Con el añadido de que a menudo regresa a Londres el jueves para ver a sus hijos.

Conversión realizada con éxito

Hay que reconocer que los comisarios no mantienen el puesto de por vida. Normalmente se les sustituye tras uno o dos mandatos de cinco años. Aunque no se encuentran de repente en la miseria, ya que siguen recibiendo entre un 40 y un 65% de su salario base, es decir, unos 10.000 euros al mes, durante tres años, para ayudarles a "gestionar la transición hacia el mercado laboral". Sin embargo, no parece que se les dé mal esta conversión.

Y si no, veamos algunos ejemplos:

- el ex comisario europeo de Industria, Günter Verheugen: contratado por un banco británico, una agrupación de bancos alemanes, una agrupación económica turca y una agencia de relaciones públicas estadounidense en Bruselas. Sin olvidarnos de la consultoría que ha fundado con su antiguo jefe de gabinete.

- la ex comisaria de Asuntos Exteriores, Benita Ferrero-Waldner: titular de un cómodo puesto en una empresa privada alemana de seguros y en una empresa española del sector energético.

- el ex comisario de Mercado Interior, Charlie McCreevy, que aterrizó en la compañía aérea de bajo coste Ryanair.

- la ex comisaria de Protección a los Consumidores, Meglena Kuneva, acogida calurosamente en un banco francés.

Al menos 15 ex comisarios europeos seguirán cobrando sus indemnizaciones transitorias bastante tiempo después de haber encontrado trabajo. Es un derecho adquirido. El generoso sistema de protección social de los antiguos comisarios europeos y otros altos responsables de las instituciones europeas es también excelente. Tras 16 años de servicios en nombre de Europa, los funcionarios llegan al porcentaje máximo con el 70% de su sueldo. Para la mayoría de los funcionarios vitalicios de rango superior, esto supone una pensión de jubilación de más de 10.000 euros netos al mes. Un ejecutivo alemán con un salario alto puede pagar durante toda su vida las cotizaciones máximas y no recibir nada a cambio. Así es el principio que rige todo: algunos están ahí para hacer las reglas y otros para someterse a ellas.