De esta última crisis del euro, la culpa no es de los chipriotas, es de Angela Merkel y de su Gobierno, y no perdáis tiempo buscando explicaciones. La culpa no es de un sector bancario hipertrofiado que llegó a poseer 128.000 millones en activos en un país con un PIB de 17.000 millones, es de Merkel.

La culpa no es de unos bancos que aceptaron sin mirar 21.000 millones de oligarcas rusos y otro tanto de millonarios árabes (de difícil justificación) sin hacer preguntas, como advirtió el servicio secreto alemán en noviembre. Ellos practican International Personal Banking y «optimización fiscal» y Merkel, en cambio, es de moral protestante.

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