Hoy más que nunca, siento la necesidad de escribir una líneas para expresar lo que siento, para intentar reunir los pedazos de la dignidad de este pueblo, destruido por la imposición de unas medidas inadmisibles por parte de nuestros socios de la Unión Europea.

Hoy, miles de personas se han despertado y, en lugar de preocuparse por sus tareas diarias, han sentido un inmenso vacío. Porque su país, Chipre, ha dejado de existir. Nuestra isla ha desaparecido unas semanas antes de Pascua, al inicio de la Cuaresma, al doblegarse ante los dictados de la troika (el FMI, la UE y el BCE). Tengo un sentimiento de asco, de vergüenza y de decepción. ¿Qué ha sido de nuestro orgullo, de nuestra dignidad, de nuestra fuerza de oposición?

En realidad, si nos encontramos al borde del abismo, en gran parte es por nuestra culpa. Somos responsables de esta desbandada, porque hemos dejado la gestión de nuestros asuntos a la troika y a los tecnócratas del Eurogrupo. La consecuencia de la destrucción del sistema bancario será la desaparición de nuestro Estado. La gente perderá su trabajo y sus esfuerzos por tener una vida mejor serán nulos. Sus pensiones, ahorradas durante toda una vida, correrán la misma suerte que los depósitos, es decir, nuestros "amigos" europeos se encargarán de esquilmarlas. Con amigos así, ¿quién necesita enemigos?

El espíritu heleno se inflama

¿Qué sucederá con esos miles de empleados que pierden su trabajo y cuyos salarios se tomarán como rehenes de las deudas? A la mayoría se les darán las gracias sin ninguna indemnización. ¿Qué sucederá con los bancos? ¿Volverán a abrir? ¿Cuántos sobrevivirán a esta semana de pesadilla? Se plantean muchas preguntas. Pero aunque estemos al límite de nuestras fuerzas, estamos hartos de esperar a que otros decidan nuestro futuro por nosotros.

Por ello, con estas líneas, quisiera dirigirme a mis compatriotas, a la gente normal, y pedirles que se planteen en sus vidas ese objetivo de enderezar nuestro sistema bancario para que se vaya la troika y se vuelvan a definir nuestros vínculos de solidaridad. Ahora es cuando debemos mostrar nuestro patriotismo. Hay que demostrar que el alma de los helenos no se somete tan fácilmente a los dictados extranjeros. Nuestro espíritu arde y tenemos los puños firmes.

Ya estamos buscando a los responsables y estoy seguro de que vamos a encontrarlos. En estas horas cruciales, debemos estar unidos, ayudar a nuestro país y alzarnos contra el enemigo. Como si estuviéramos de nuevo en guerra, sí. Créanme, vivimos una guerra, aunque adopte una forma distinta. Nuestros compatriotas de la diáspora nos pueden ayudar, contribuyendo con su dinero. Tenemos que ayudar a nuestro Estado para que vuelva a levantarse. Porque esto sólo es el inicio de un largo calvario. Paciencia y ánimo a todos.