Tras haberse sometido a una complicada operación cardiaca, Oldrich Subrt, de 80 años, decidió rechazar la perspectiva de los paseos de la tercera edad y vivir al menos parte de su tiempo allí donde, según comenta, ha encontrado un paraíso. Sólo le asustaba una sola cosa: morir ahogado por accidente mientras chapotea en esta preciosa bahía griega, donde ha establecido su nueva residencia.

Si ha elegido Grecia es porque en este país viven muchas personas de edad avanzada y piensa que su estancia allí puede prolongar su vida. Con su by-pass séxtuple, a este octogenario no le preocupa la posibilidad de sufrir complicaciones médicas y además, no teme a la soledad. “El mundo es un lugar acogedor. Cuando realmente necesitas ayuda, la gente está ahí. Y además, en la vida nos encontramos solos en muchas ocasiones, incluso en nuestro propio país”, declara este hombre divorciado desde hace muchos años, padre de dos hijos y abuelo de ocho nietos.

Se comunica con los habitantes de la bahía con una mezcla de inglés y alemán básicos. Y a pesar de la barrera del idioma, ha logrado hacer muchos amigos entre los griegos que se ocupan allí de sus explotaciones familiares.

Casos aislados

En Europa, su pensión checa de 11.000 coronas [alrededor de 429 euros] no es gran cosa. Pero ahora que hace ya cuatro años que pasa parte del año en Grecia, ha aprendido a gestionar sin problemas su vida junto al mar. Por 2.000 euros, alquila durante cuatro meses una pequeña casa con jardín. Con su pensión no tiene suficiente. Pero Subrt ha encontrado lo que denomina “una solución poco común”. Dejó su apartamento en Praga, por el que pagaba un alto alquiler, y se marchó al campo, a casa de unos amigos. A cambio de echarles ocasionalmente una mano, vive allí gratis durante su “parte checa” del año.

En el extranjero viven 70.000 jubilados checos, de los cuales 20.000 se han marchado en los últimos cinco años. Los diez primeros destinos son países europeos vecinos, donde viven sobre todo las personas que dejaron República Checa antes de su jubilación. Pero cada vez más checos se han propuesto redibujar la imagen sombría del jubilado con canas, tiñéndola con los colores vivos de la aventura. Algunos incluso se marchan a los trópicos. Es un fenómeno conocido y bastante habitual en los países ricos. A estos jubilados viajeros se les llama “nómadas de invierno”, porque levan las anclas con el primer viento del norte del otoño.

No obstante, aún no se puede hablar del nomadismo de invierno como una tendencia. Se trata más bien de casos aislados. “Mientras no se produzca un cambio profundo de mentalidad en lo que respecta a la movilidad profesional, mientras no se considere normal que los jóvenes y las familias se trasladen por motivos relacionados con el trabajo, tampoco les parecerá normal la emigración a la población de edad avanzada”, opina Matej Lejsal, director de la residencia de cuidados innovadores para mayores Domov Sue Ryder. “La generación actual de cuadragenarios no tendrá tantas barreras lingüísticas, estará más abierta a la posibilidad de pasar su jubilación fuera de la República Checa. Todo ello se debe al aislamiento de nuestro país durante la juventud de las personas que hoy tienen una edad avanzada”.

Privarse en Praga para disfrutar en Galle

La historia del matrimonio Fristensky, Inka, de 62 años y Petr, de 67, es la prueba de que el dinero no es el principal motor del nomadismo de invierno. Demuestra que se puede vivir perfectamente bajo las palmeras ahorrando con una pensión checa media.

“Hoy ha refrescado un poco. Estamos a 28 °C”, comenta por Skype Petr Fristensky, desde su segunda residencia cerca de Galle, en Sri Lanka. El matrimonio cerró su apartamento praguense en el mes de octubre. Regresarán a comienzos de abril. Llevan viviendo así desde hace cuatro años y están muy contentos con poder “borrar el invierno del calendario”.

Sin acudir a una agencia de viajes, con la mochila a cuestas, primero pasaron regularmente un mes en Sri Lanka durante unos años. Les gustó tanto el entorno, que decidieron instalarse allí. “Vivimos en un pueblo. No tiene nada de especial pero aquí, al contrario que en la República Checa, el 95 % de la gente es muy amable, sobre todo los australianos y los alemanes”. Para comunicarse les basta con el inglés básico.

Para hacer realidad sus sueños, Subrt y el matrimonio Fristensky fueron capaces de privarse de lo que aquí se suele considerar como comodidades. Subrt dejó el apartamento que alquilaba en Praga, los Fristensky han renunciado en República Checa a ir al cine, al teatro, a un restaurante. En lugar de ello, hacen excursiones en bicicleta, por la naturaleza. “Nuestras actividades de ocio no cuestan gran cosa”, explica la señora Fristensky. “La gente de nuestra edad posee una casa en el campo y un coche. Nosotros no tenemos nada de eso”.