"El modelo multicultural ha fracasado". Con esta frase pronunciada el 16 de octubre ante las juventudes conservadoras, Angela Merkel aviva el debate sobre el islam que atormenta a Alemania desde hace meses. Según la canciller alemana, los inmigrantes deben integrarse y adoptar la cultura y los valores alemanes: "Nos sentimos vinculados a los valores cristianos. El que no lo acepte, no tiene cabida aquí", declaró.

De este modo, la canciller "de centro" adopta la línea del conservador ministro presidente de Baviera, Horst Seehofer, que propone un endurecimiento de la política de integración con siete puntos, recogidos en la publicación Focus. Afirma que Alemania no es un país de inmigración, que es necesario favorecer a los inmigrantes que deseen integrarse y sancionar con determinación a los que se nieguen a hacerlo.

Un debate fuera de lugar

Para ilustrar el "choque de civilizaciones" a la alemana, Focus publica una doble portada. En la primera se lee "Mi Alemania" y aparece el presidente Christian Wulff, que recientemente declaró que el islam formaba parte de Alemania. La otra se titula "su Alemania", con Horst Seehofer. Y en medio se encuentra Angela Merkel, que debe enfrentarse a unas elecciones regionales difíciles, así como a los rumores de su sustitución por el actual ministro de Defensa, Karl Theodor zu Guttenberg.

En opinión del diario Tageszeitung, todo este debate está pasado de moda. La noción de "multikulti" difundida antiguamente por figuras como Daniel Cohn-Bendit ya no es actualidad. Incluso a los Verdes "desde hace una década se les pide que dejen de utilizar esta expresión, ya que no explica nada sobre nuestra forma de vivir juntos", destaca el diario alternativo. Cuando Angela Merkel o Horst Seehofer esgrimen eslóganes con los que piden "más integración" (Merkel) o "más Leitkultur" (Seehofer) sus fórmulas están vacías. "El gobierno no puede adular por un lado a los ejecutivos extranjeros y, al mismo tiempo, incitar el miedo al extranjero". Porque Alemania necesita 400.000 trabajadores cualificados.

La historia se repite

Die Welt replica que estas exigencias son justas. "Nadie está en contra de los inmigrantes que deseen vivir, trabajar y arraigarse aquí", asegura el diario conservador. Pero hay muchas personas en contra de esos inmigrantes que quieren importar su ley. Inmigrar significa aceptar la tradición del país de acogida, pero también adoptarla. Por ello, Horst Seehofer y Angela Merkel tienen razón al afirmar que la inmigración necesita unos principios claros". Según Die Welt, Alemania es un país de inmigración y como tal, necesita inmigrantes "que dominen el alemán tras un periodo de tiempo razonable y presten juramento sobre la Ley fundamental".

Pero el diario TAZ, alarmado, expone que no cabe duda sobre el diagnóstico. Con el giro hacia la derecha de la sociedad alemana, la historia se repite. "Más de la mitad de los alemanes desearía limitar la libertad religiosa de los musulmanes" y el 37% preferiría una RFA sin islam. El diario establece varios paralelismos históricos, sobre todo con la disputa antisemita que imperó en Berlín a partir de 1879.

Entonces, unos años después de la unificación alemana y en plena crisis económica, el publicista Heinrich von Treitschke pedía la asimilación total de las minorías religiosas. "130 años después, el debate sobre el islam plantea reivindicaciones similares", apunta Tageszeitung. "Todas las presunciones sobre una República Federal cada vez más civilizada, sobre la alegría de vivir y la despreocupación patriota de la nueva Alemania constituyen tan sólo una cortina de humo. En octubre de 2010 parece que hemos vuelto a los 80 y los 90, cuando se quemaban los hogares de los turcos y otros extranjeros en Alemania".

La vieja receta del chivo expiatorio

La política aplica actualmente la vieja receta del chivo expiatorio en tiempos de crisis. Si bien los "musulmanes de 2000" eran alemanes como el resto, afirma el diario, todo cambió en 2004. El 11 de septiembre de 2001 y el asesinato del realizador neerlandés Théo van Gogh en 2004 "provocaron un pánico que acabó poniendo fin a esta primavera de la política de integración de comienzos de siglo".

Más comedido, Die Zeit constata que el populismo actual del gobierno se nutre del miedo del pueblo. Horst Seehofer incluso se ha puesto a la altura de Geert Wilders en Países Bajos. "En una época en la que se desmorona la legitimidad de los grandes partidos políticos, Alemania también afronta la tentación de caer en el populismo", lamenta el semanario. Angela Merkel, y con ella toda la política, se asusta ante el éxito de las tesis xenófobas y populistas de Thilo Sarrazin. "Tememos que nos arrastre la oleada que ha provocado, pero intentamos mantenernos a flote".

Un país con 2.600 mezquitas, ¿islamófobo?

Para Die Zeit, el debate demuestra la dimensión en la que se negociará la política de integración, comparable a la política sobre Europa del Este en los años setenta o sobre el desarme. "Podemos creer que los alemanes van a seguir manteniendo la sensatez", asegura Die Zeit. "Los sondeos demuestran que aumenta el escepticismo con respecto al islam. Pero un país que ha apoyado la creación de más de 2.600 mezquitas y lugares de oración sin conflictos importantes, ¿realmente es islamófobo?".

El semanal de Hamburgo desea que se pronuncien palabras de reconocimiento por la parte musulmana "porque no existe ninguna garantía de que este país permanezca tan abierto al mundo. La política debe superar el miedo del pueblo y exponer la verdad: no, no nos invadirán hordas de musulmanes". Die Zeit, que recuerda que el saldo migratorio alemán es negativo, estima que "la cuestión no será saber la cantidad de islam que soporte Alemania, sino qué grado de falta de generosidad soportará Alemania".