Cada uno de los puntitos inmóviles que se ven en un día despejado frente a la costa de Rotterdam puede llegar a alimentar hasta a 5 millones de automóviles de mediana cilindrada. Esos puntitos son superpetroleros, cada uno de los cuales lleva un cargamento de 2 millones de barriles. El 19 junio, ocho de ellos se encontraban apostados ante el mayor puerto europeo. En menos de una hora podrían haber atracado, pero todos los comandantes recibieron órdenes de echar el ancla en alta mar. Los embarcaderos están llenos, al igual que los tanques de almacenaje y la actual cotización del barril no incita a vender.

Para describir esta coyuntura, los analistas hablan de “contango”: el precio al contado o precio spot de un bien (desembolsado en el momento de la entrega efectiva) es inferior al precio de un contrato de futuros (que se obtiene al pagar hoy un barril de entrega futura). La situación inversa es más frecuente, ya que el mercado premia en general a los que se comprometen a pagar por adelantado.

Así pues, en una situación de “contango”, los buques no tienen interés alguno en descargar su mercancía. Los neerlandeses se han resignado, máxime al ver que el puerto está abarrotado de tanques. En circunstancias normales, estos tanques pueden llegar a contener hasta 12,8 millones de metros cúbicos de petróleo, lo que equivale a 80 millones de barriles. Esta cantidad, según explican los cargadores, serviría para abastecer a los veintisiete países del la Unión durante cinco días. Por eso los petroleros procuran conservar sus stocks para no vender con pérdidas. Y quien sale ganando son las empresas que gestionan las estructuras de almacenaje, como Eurotank y Oiltanking, que no dudan en exigir sumas en ocasiones exorbitantes.

El pasado mes de febrero, el precio de futuros del barril superaba al precio spot en 8 dólares. Hoy la diferencia es de cerca de un dólar. Esta tendencia se debe sobre todo a la caída de la demanda derivada inevitablemente de la crisis económica. Mientras, el precio de referencia del barril ha subido a 70 dólares, es decir que cuesta casi un 90 % más que en enero. Según la Unión Petrolera Italiana, tras este encarecimiento se oculta el renovado interés de los operadores, que confían en un próximo repunte de la demanda energética.

La mayoría de los analistas parten de la hipótesis de una ligera subida del crudo. Resulta evidente que la cotización del barril puede bajar y con ella el precio de la gasolina y del diésel (de los que se producen 100 l con un barril de petróleo). Pero para eso haría falta que los petroleros renunciaran a sacar beneficios de su cargamento actual. La realidad es bien distinta: cada superpetrolero anclado en el mar es una posibilidad de bajar los precios de venta al público que se disparan.

En estos primeros días estivales Europa surca pues un mar de oro negro. Según la Agencia Internacional de la Energía, el pasado mes de mayo flotaban en alta mar entre 100 y 150 millones de barriles. En Rotterdam afirman que la semana pasada navegaban frente a las costas neerlandesas 28 petroleros, de los cuales tres cuartos iban cargados.

Aunque el petróleo almacenado en el mar alcance los 85 millones de barriles, como ocurría en marzo, en el puerto de Nieuwe Maas todos coinciden en que el "efecto contango” nunca había sido tan visible. Los petroleros no quieren vender; los operadores compran todo el spot disponible y lo revenden en futuros, obteniendo así pingües beneficios; y el crudo no es enviado a las refinerías. Cuando todo vuelva a la normalidad, el petróleo estará de nuevo en el mercado y los precios terminarán bajando. Los superpetroleros desaparecerán entonces del horizonte neerlandés.