Europa se ha jactado durante mucho tiempo de estar a la vanguardia de la lucha contra el calentamiento climático. Hoy ya no es así. Primero, los 27 Estados miembros se negaron a aumentar su objetivo común de reducción de gases de efecto invernadero y después ha sido el turno del Parlamento Europeo. Reunidos el 16 de abril, los eurodiputados han rechazado la propuesta de reforma del sistema de intercambio de derechos de emisión que tanto se esperaba.

No queda nada del deseo de renovación ni de la voluntad europea de hacer todo lo posible por legar a las generaciones futuras un medio ambiente sostenible. La votación del Parlamento marca un momento crucial en la política medioambiental de Europa. Hace diez años, Europa fue la primera región del mundo en crear un mercado de derechos de emisiones.

Se trataba de un proyecto ambicioso: debía instar a las empresas a invertir en tecnologías limpias mediante mecanismos del mercado. La lucha contra el calentamiento climático debía ser a la vez eficaz y rentable. Pero este proyecto ha fracasado.

Demasiados títulos en circulación

A las empresas que creyeron en esta promesa e invirtieron en ella, no se les ha recompensado, sino que se les ha sancionado. Los derechos de emisiones, es decir, los títulos que autorizan la producción de una cantidad determinada de gases de efecto invernadero, prácticamente nunca han circulado en el mercado.

¿Por qué? Porque hay demasiados. Las empresas que no han invertido en la lucha contra el calentamiento climático han podido seguir contaminando sin pagar nada. Sus cajas rebosan de estos derechos.

Hoy ya se ha perdido la oportunidad de cambiar algo en esta situación. Los eurodiputados se han negado a congelar al menos temporalmente una parte de los derechos de emisión en el mercado, con el fin de que aumenten su precio. En lugar de ello, el valor de estos derechos será casi cero. Ya no son rentables las inversiones en las tecnologías ecológicas y el principal instrumento de la lucha contra el calentamiento climático ya no tiene ninguna utilidad.

Europa ya no está a la vanguardia

Los responsables de este desastre se encuentran en Bruselas y en las capitales europeas. En opinión de Connie Hedegaard, comisaria europea de Acción por el Clima, es un fracaso más que añadir a su triste balance.

Como ministra danesa de Medio Ambiente, ya tuvo que asistir al fracaso de la conferencia internacional sobre el clima de Copenhague, durante la cual, los representantes mundiales no lograron llegar a un acuerdo sobre los objetivos mínimos. Como comisaria europea, no ha logrado reunir la mayoría necesaria para poner en marcha una política medioambiental, ni siquiera una moderada.

También cabe señalar que ha perdido a su principal aliada: Angela Merkel. Antaño considerada una canciller “verde”, Angela Merkel se ha encerrado en el silencio. Al tener en cuenta las preferencias de sus socios de coalición, permite que Alemania permanezca muda ante Bruselas sobre las cuestiones medioambientales, mientras que los diputados de su propio partido votan mayoritariamente en contra de los proyectos de defensa medioambiental. Al igual que Europa en el mundo, Alemania ha perdido su función de país precursor en la lucha contra el calentamiento climático.