Antes, en el país del funcionariado, los puestos eran fijos, inamovibles, incluso relajados, con un sueldo que se ajustaba a la inflación, con una o dos pagas extra, abundantes vacaciones, jubilaciones más elevadas y prejubilaciones más sencillas de negociar. Era el oficio soñado por tres generaciones de europeos que ansiaban la seguridad y las ventajas relacionadas con el estatus del “fonctionnaire”, “civil servant”, “Regierungsbeamter”, “statale” o “funcionario público”.

El funcionario, al contrario que el trabajador del sector privado, no sólo no podía ser despedido, sino que tenía la garantía de que su jefe no iba a quebrar. Sin embargo, desde que la crisis griega recordara a Europa que incluso un Estado puede caer en la bancarrota, el funcionario se parece cada vez más a cualquier otro trabajador. El mito del empleo de por vida se ha esfumado. Todos los gobiernos europeos, desde los liberales británicos a los estadistas franceses, han reducido los salarios, ha suprimido las primas y han reducido el número de empleados de la función pública, para recortar los déficits colosales y apaciguar los mercados.

El primer ministro británico David Cameron ha batido el récordcon la supresión de 490.000 “civil servants” mediante la Spending Review (el presupuesto preventivo del Estado). En realidad, el número de puestos eliminados podría ser aún mayor: según el Chartered Institute of Personnel and Development o CIPD (Instituto Colegiado de Personal y Desarrollo), se eliminarán “750.000 puestos de aquí a 2015 o 2016, si la coalición cumple su programa de gastos a largo plazo”. No se sustituirán a las personas que se jubilen y simplemente se despedirá a un gran número de funcionarios.

Salarios congelados y puestos suprimidos

En Francia, Nicolas Sarkozy decidió congelar los sueldos y no sustituir a la mitad de los funcionarios que se jubilan. Desde 2007, han desaparecido 100.000 puestos y, en 2011, se eliminarán otros 31.638. En Portugal, tras haber congelado los salarios en 2010, el socialista José Socrates anuncia otros dos hachazos: por un lado, una reducción de los sueldos del 5%, y por otro, una interrupción de los ascensos y las contrataciones.

A principios de mes, el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, afirmó que habrá que esperar tres años para que los funcionarios recuperen el recorte en el sueldo del 5% de la primavera pasada. En Irlanda, donde se han reducido los sueldos públicos un 14%, el acuerdo entre el gobierno y los sindicatos para restringir más los beneficios de los funcionarios se encuentra actualmente en suspenso.

En Grecia, el gobierno de Giorgos Papandreu redujo los salarios públicos, congeló las contrataciones, aumentó la edad de jubilación y suprimió las pagas extra. A comienzos de octubre, los interinos del ministerio de Cultura ocuparon la Acrópolis para manifestarse contra la no renovación de su contrato, uniéndose así a la cohorte de los controladores aéreos, los empleados portuarios y ferroviarios, en huelga desde hacía meses.

La Eurocracia también se ha visto afectada

El pasado 21 de septiembre, la República Checa asistió a la manifestación más importante desde la caída del comunismo: 40.000 funcionarios salieron a las calles de Praga para oponerse al recorte del 10% en los sueldos prevista por el gobierno. En Hungría, el primer ministro Viktor Orbán ha limitado el número de adquisiciones de vehículos y de teléfonos para los funcionarios. En Letonia, los empleados del sector público han perdido de media un 30% de sus ingresos. Los recortes afectan a todos los países, incluso a la próspera Alemania: Angela Merkel anunció la desaparición de 15.000 puestos de funcionarios de aquí a 2014.

La austeridad ha acabado afectando a la nueva frontera del empleo público: el rico, cosmopolita y envidiado funcionariado de la Unión Europea. Ante los recortes presupuestarios, la Comisión Europea ha hecho un llamamiento a los trabajadores interinos y propone contratos temporales, con lo que renuncia a aumentar las filas de los empleados permanentes de la eurocracia. Tras haber reducido a la mitad los aumentos de 2010, actualmente pretende recortar el sueldo de los eurócratas un 0,4%.