El dinero es lo que manda, sobre todo en Bruselas. En inglés, "a billion euros" equivale a "mil milhoes de euros" en portugués, es decir, mil millones. De igual modo, en español "billón" significa un millón de millones, por lo que el término inglés "billion" es "mil millones de euros". Sin embargo, el inglés "billion" se traduce como "milijarde" en croata, o como "miljard" en holandés. Cuando los franceses hablan de "un billion", se refieren a lo que los británicos denominan "trillion". Ah sí, y en alemán, "Billiarde" equivale al francés "quadrillion", cómo no.

La traducción en la sede central de la UE es un negocio complicado y en muchas ocasiones costoso. La Comisión Europea tiene tres "idiomas de procedimiento" oficiales: alemán, francés e inglés. Pero con la ampliación de la Unión, ahora se hablan 23 idiomas distintos en los Estados miembros y el número de traductores ha pasado de entre 200 y 300 a unos 2.000 o 3.000. Se calcula que la UE produce 1,76 millones de páginas de traducciones al año, con un coste de 300 millones de euros (unos 257 millones de libras). A partir del 1 de julio, cuando Croacia se una a la UE, se añadirá otro idioma más.

En estos tiempos de austeridad, los Gobiernos nacionales arden en deseos de recortar el presupuesto de la UE, que es uno de los motivos por los que se acogió con tanto entusiasmo un reciente discurso del presidente alemán. En un discurso fundamental sobre el futuro de la integración europea en febrero, Joachim Gauck sugirió que el inglés debería convertirse en el idioma oficial de la UE: "Podemos afirmar que los jóvenes están creciendo con el inglés como 'lingua franca'. Sin embargo, creo que no deberíamos dejar que las cosas sigan su curso en lo que respecta a la integración lingüística". Para los federalistas y los halcones fiscales, fue como música para los oídos: si se hablara inglés por los pasillos de Bruselas, la UE sería mucho más ágil y eficiente.

Infiltración de nociones "anglosajonas"

Pero, ¿hasta qué punto es realista esta propuesta? En cierto sentido, simplemente confirmaría una tendencia que ya existe. Desde el gran auge de la ampliación europea en 2004, en uso del francés ha ido descendiendo en las reuniones y conferencias y el alemán actualmente es un "idioma oficial" únicamente sobre el papel.

Los documentos en el Parlamento Europeo sólo se traducen a los idiomas pertinentes: por ejemplo, no existe ninguna transcripción sobre las políticas comunes sobre pesca en checo.

Pero si bien los Estados miembros del norte y del este de Europa acogerían de buen grado el inglés como idioma oficial, el sur del continente se sublevaría. Algunos diplomáticos franceses afirman que con el inglés se infiltran las nociones "anglosajonas" sobre política y economía en el corazón de la creación de las políticas europeas. El pasado diciembre, un periodista del diario francés Libération boicoteó una conferencia de prensa sobre la presidencia de la UE en Dublín porque era exclusivamente en inglés. Si realmente no hubiera dinero para los intérpretes, exponía en su blog, debería haberse realizado en gaélico.

También surgirían obstáculos jurídicos. "La imposición del inglés como idioma oficial de Europa sería profundamente antidemocrática", afirmaba Diego Marani, novelista y funcionario de la Dirección General de Interpretación en la Comisión Europea. En lugar de aumentar la integración en Europa, el proyecto se volvería aún más elitista. El coste total del trabajo de traducción en la UE, según Marani, equivale aproximadamente al coste de dos cafés por persona al año, un pequeño precio a pagar por un poco más de democracia.

El europanto es un broma con mensaje serio

¿Hay alguna solución alternativa? La propuesta de convertir el latín en idioma de trabajo oficial por desgracia fue una inocentada, pero un intérprete estima que el esperanto sería una "lingua franca" más justa que el inglés. Otro plantea una norma por la que los diplomáticos nunca hablaran en su idioma materno, para crear un entorno aún más equitativo. En la oficina de Marani, los empleados han estado experimentando con el "europanto", un idioma que describe como "der jazz des linguas": un revuelto de idioma de estilo libre compuesto por el cuerpo común de los idiomas europeos, sin normas gramaticales y un vocabulario ilimitado.

El europanto es una broma, por supuesto, pero podría transmitir un mensaje muy serio. Si bien la imposición de un idioma europeo puede ser imposible políticamente, no quiere decir que un idioma así no se pueda desarrollar de forma natural a muy largo plazo. El año pasado, un frustrado traductor en el Tribunal Europeo creó un documento de 33 páginas sobre expresiones inglesas utilizadas de forma errónea habitualmente en las publicaciones de la UE (por ejemplo, el uso de "to precise" como equivalente a "to summarise" (resumir), o el término "actors" para expresar "personas u organizaciones implicadas en algo", cuando en realidad significa "persona que actúa en un escenario"). El euroidioma puede que no suene bien a los oídos ingleses nativos, pero podría constituir perfectamente una 'lingua franca' que se esté formando ante nuestros ojos. Discardant la textbuch, externalise sus sprachangst y just improviste.