Un gran número de países de la UE no son neutros en lo relativo a la religión. La reina de Inglaterra es la cabeza de la Iglesia anglicana, en los euros neerlandeses se encuentra impreso el lema "God zij met ons" (“que Dios nos guarde”) y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos no se opone a que se coloquen crucifijos en los colegios públicos italianos.

A pesar de esta gran tolerancia ante la interacción entre la Iglesia y el Estado dentro de la UE, los diplomáticos de la UE recibirán en breve una serie de directivas en las que se les pide que fomenten en el extranjero la neutralidad de los poderes públicos, al mismo tiempo que se protege la libertad de culto.

Es algo que parece contradictorio, como declararon distintos participantes el 25 de abril en un debate en el Parlamento Europeo sobre la libertad de culto.

Definir la identidad europea

"En primer lugar, debemos saber cómo definir la identidad europea antes de emprender este camino", señaló Lorenzo Zucca, jurista vinculado al King's College de Londres e invitado al debate. "Todos sabemos que resulta extremadamente problemático hablar de religión en el ámbito europeo". Dos ejemplos de ello son la protesta generaliza contra el Gobierno húngaro, que catoliza las instituciones públicas, así como el enorme debate que se generó sobre la "tradición judeo-cristiana" de Europa en la constitución que fue rechazada.

Robert-Jan Uhl, consejero sobre derechos humanos de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, opina que la UE debería mantener un concepto pragmático. "Lo importante son los derechos fundamentales, de forma que la gente pueda importar y difundir la literatura religiosa o incluso que los detenidos puedan recibir comida acorde a su religión". Con ello hacía referencia al caso de los budistas polacos en prisión que en un primer momento no se les proporcionó comida vegetariana. "El asunto se llegó ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Dicho tribunal dictaminó que había que distribuir esas comidas".

El derecho de no ser creyente

Uhl señala otro problema: muchos países sólo están dispuestos a proteger una religión minoritaria únicamente si la gente empieza a inscribirse en ella de manera oficial. "Es absurdo. Debemos poder rezar con quien queramos, sin tenernos que inscribir de antemano. La UE podría intervenir ante este tipo de problemas".

Dos europarlamentarios neerlandeses iniciaron una enérgica acción de lobby a favor de estas directivas, que probablemente la aprobarán en junio los ministros de la UE. Peter van Dalen (del partido Unión Cristiana) y Dennis de Jong (del Partido Socialista) esbozaron el concepto en el que trabaja actualmente el Servicio Europeo de Acción Exterior.

"Uno de los aspectos importantes que se debe defender también es el derecho a cambiar de religión o a no ser creyente. En algunos países, se excluye a las personas por ello, pero la libertad de culto y las convicciones religiosas también incluyen el derecho a no ser creyente".

Tarea de introspección en la UE

Jean-Bernard Bolvin, del Servicio Europeo de Acción Exterior, reconoce que en Europa también existen situaciones inadmisibles en el plano religioso. La Comisión Europea prácticamente no tiene competencias en este ámbito, las decisiones del Tribunal Europeo de Derechos Humanos a menudo se hacen esperar mucho tiempo y no siempre se aplican.

"Esto no impide que estemos atentos al definir nuestra política exterior. Realmente no tenemos la intención de recalcar que la única solución válida es un Estado secular. Pero si algunos grupos de la población son objeto de discriminaciones, si se ahorcan a personas por su religión, más vale que nuestros representantes sepan a qué argumentos jurídicos aludir".

En su opinión, este debate también tendrá efecto dentro de la Unión Europea. "Instará a los países de la UE a realizar de forma espontánea un ejercicio de introspección".