¿Cómo podemos seguir diciendo que durante casi 20 años las relaciones entre Polonia y Lituania nunca han sido mejores, cuando en realidad parece que son las peores de la Unión Europea? ¿Qué ha sido de nuestra asociación estratégica? ¿Era sólo un eslogan que ocultaba una triste realidad?

El problema principal de la cuestión son las condiciones y derechos de los aproximadamente 250.000 polacos que viven en Lituania, por lo que representan el 6,74% de la población total y son el mayor grupo étnico, junto a la minoría rusa (6,31%). Recientemente, el ministerio de Exteriores lituano citó al embajador de Polonia para reprenderle por las declaraciones que realizaron los políticos polacos y con las que “difundían información falsa” sobre la situación de la minoría. Los polacos en Lituania, muchos de los cuales llevan asentados en el país desde el siglo XVI, también han sido objeto de reproches. Un destacado miembro del Seimas (el parlamento unicameral) afirmó: “Si los polacos no quieren integrarse en la vida y la cultura lituana, son libres de volver a su país de origen”.

Los polacos atrapados en un limbo burocrático

Estos son algunos de los indicios que sugieren que las relaciones con nuestro vecino, miembro de la UE y de la OTAN, son tan difíciles y problemáticas como las que mantenemos con Rusia. El problema estriba en la lituanización forzada de los nombres polacos y la devolución de la propiedad polaca confiscada bajo la ocupación soviética. Una y otra vez, los políticos lituanos vienen hasta aquí para dar muestras de gestos vacíos, sonriendo ante las cámaras, dándose la mano, confirmando las “relaciones especiales” que existen entre las dos naciones. Pero una vez que se han captado las alegres instantáneas, la cuestión lingüística sigue sin resolverse. A veces, el resultado negativo se anuncia incluso antes de la visita, otras veces durante la misma. Los motivos son siempre triviales, como detalles técnicos, incluso problemas de caligrafía. Hubo un tiempo en el que estábamos intrigados y nos preguntábamos por qué Lituania aún no había firmado la Carta Europea de las Lenguas Minoritarias o Regionales, ratificada por 24 Estados, incluida Polonia. Pero los lituanos descubrieron el pastel cuando el Tribunal Constitucional del país se pronunció en contra de la ortografía polaca de los nombres en noviembre de 2009.

También hemos confiado durante demasiado tiempo en que Lituania resolvería el problema de la restitución de las tierras de la minoría polaca. A pesar de la ley de reprivatización lituana de 1997, los polacos que viven en Vilna y los alrededores se enfrentan a inmensos obstáculos burocráticos para volver a recuperar su patrimonio robado. No se tienen en cuenta las escrituras de los archivos polacos de antes de la guerra. El resultado es que la propiedad pasa a los lituanos antes de que los legítimos propietarios polacos puedan salir del limbo burocrático.

A pesar de estos hechos, a los políticos de Lituania les encanta decir que su país dispone de un sistema educativo polaco muy bien desarrollado para su minoría polaca. Pero claramente es algo de lo que el Estado lituano no debería sentirse tan orgulloso. Lituania heredó la red de centros educativos en idioma polaco de la era soviética. Y el Estado está haciendo todo lo posible por reducir el número y obligar a los niños polacos a que asistan a colegios lituanos. Cierran los colegios polacos aduciendo motivos financieros, pero al mismo tiempo construyen colegios lituanos perfectamente equipados con piscinas y gimnasios en las regiones en las que los polacos constituyen una importante minoría.

¡Qué vienen los rusos!

Resulta difícil ignorar el hecho de que los políticos lituanos tengan fobia al idioma polaco. Dicen que es parte de la esencia nacional, del complejo de una pequeña nación que intenta proteger su identidad. Pero esta sensibilidad en concreto se esfuma en lo que respecta al ruso. Las cadenas de televisión lituanas por cable retransmiten decenas de cadenas rusas. En las emisoras de radio lituanas se escuchan canciones rusas y los jóvenes lituanos aderezan sus conversaciones con términos rusos, porque es “genial”, o como dirían ellos, “zdorovo.” Según el politólogo lituano Vytautas Radžvilas, Vilna está abocada a caer dentro de la esfera de influencia rusa aunque siga siendo formalmente un miembro de la OTAN y la UE y a pesar de las declaraciones de nuestro socio estratégico.

Llevamos hablando mucho tiempo de nuestra grandiosa historia común, de la Mancomunidad polaco-lituanade 1569 a 1795. Pero donde nosotros vemos luz, los políticos lituanos ven oscuridad. Sin embargo, tras casi 20 años de relaciones diplomáticas, la realidad es que el patriotismo lituano se basa en un sentimiento anti polaco. Las élites políticas polacas se han dado cuenta con amargura de que esta asociación es tóxica, de que está llena de promesas vacías, confusión y manipulación. Una cosa es segura: pasará mucho tiempo hasta que nuestro vecino se vuelva a ganar nuestra confianza.