En este caso, no se desplazan hasta Gdansk en tanques, sino en autocares y coches matriculados con el número "39", el distintivo de la región de Kaliningrado. Hoy, no salen de la ciudad con los brazos cargados de botines de guerra, sino con bolsas de compra, para regocijo de los comerciantes locales.

"Se hacen muy buenas compras", comenta Tatiana Babak, que acaba de salir de la tienda de Ikea y carga el coche con bolsas repletas de artículos. Ha venido hasta Gdansk con Wladimir Poliakov, su amigo conductor de taxi. Un recorrido de 130 km. El gasoil ruso es muy barato: a 3 zlotys [0,72 €] el litro, es un viaje de bajo coste. Tatiana acude a la Triciudad (una conurbación portuaria integrada por Gdansk, Sopot y Gdynia) al menos una vez al mes y Wladimir incluso más veces.

"En su país todo es más barato”, explica, “excepto la gasolina. De dos a dos veces y media más barato: la leche, las verduras, los productos de limpieza, los pañales. Incluso el alcohol, merece la pena comprarlo en su país. Los precios son buenos, hay más variedad y al menos podemos estar seguros de que no se trata de un producto adulterado. Además, el lugar es bonito y en general la gente es abierta y amable. Es muy agradable venir".

Las llegadas masivas de residentes de Kaliningrado a Gdansk ahora son posibles gracias a la introducción, el pasado verano, de un régimen fronterizo específico denominado "pequeño tráfico fronterizo", tras un acuerdo firmado en diciembre de 2011 por los dos Gobiernos y ratificado seis meses después.

Ahora, los rusos presentan al consulado polaco de Kaliningrado una solicitud de autorización para circular dentro del régimen del pequeño tráfico fronterizo y al cabo de dos meses, reciben un pase válido durante dos años.

Más que una distracción, una necesidad

"Nuestra cooperación es un éxito y deseamos que dicho éxito se convierta en un argumento en nuestras conversaciones con Bruselas a favor de la supresión de visados hacia la UE para el conjunto de ciudadanos rusos”, explica el cónsul general ruso Sergei Puchkov. “Contamos con un gran número de proyectos de cooperación en los ámbitos económico, cultural, universitario y deportivo. Los polacos nos están ayudando con los preparativos para acoger el mundial de fútbol en 2018", recuerda el cónsul.

De este modo, desde hace más de seis meses, cada fin de semana, una treintena de autocares y varios cientos de coches acuden a los centros comerciales de Gdansk. Son personas de todas clases: pequeños comerciantes, obreros, estudiantes, profesores, funcionarios. Más que una distracción de lujo, este viaje se convierte para todas estas personas en una primera necesidad.

Polonia no tiene otra frontera con Rusia que estos 210 km de frontera terrestre y los 22 km de la frontera marítima en el noreste del país. El enclave de Kaliningrado cuenta con una superficie de 13.000 km² y con una población de 950.000 personas. Limita con Lituania por el norte y el este, con el Báltico en el oeste y con Polonia por el sur.

Cerca de dos tercios de la población del enclave viven en Kaliningrado, la capital, creada tras la Segunda Guerra Mundial en el mismo lugar de la antigua ciudad alemana de Königsberg, llamada Krolewiec por los polacos. La ciudad, que quedó totalmente destruida durante la guerra, se reconstruyó en el estilo soviético. El trazado de las calles cambió totalmente, de modo que hoy es imposible reconstruir, ni siquiera de forma aproximada, el recorrido diario del habitante más conocido de Königsberg: Emmanuel Kant. Por suerte, se conservaron las ruinas de la antigua catedral, con la tumba del filósofo, que se ha convertido en una de las pocas atracciones turísticas del Kaliningrado postsoviético.

El organizado comercio de carburante

La duración media de la estancia de los polacos que atraviesan la frontera es de dos horas, que pasan sobre todo en el comercio del carburante.

Según Sergei Puchkov, el comercio fronterizo del carburante es un proceso muy organizado: "De cada cien vehículos que esperan en fila en la frontera, alrededor de 90 pertenecen a los polacos de la región fronteriza. En concreto, el modelo de coche que más utilizan es el Audi 100”. ¿Por qué? “Por su enorme depósito, que contiene un centenar de litros", explica Puchkov.

La embajada de Rusia en Varsovia sugirió a las autoridades polacas que acondicionaran un pasillo especial para estos turistas del combustible, de modo que los demás pasajeros no tuvieran que esperar esas filas interminables. "Nos respondieron que sería contrario a las normas”, comenta Puchkov. “Que todo el mundo debe tener los mismos derechos".

¿Cómo es posible que un simple yogur comprado en un lado de la frontera valga el doble tras pasar la frontera?

Adam Hlebowicz, autor de una guía turística sobre Kaliningrado publicada recientemente, explica claramente el fondo del problema. "¿De dónde salen esos precios? Para mí era un auténtico misterio, hasta que los comerciantes de Kaliningrado por fin me explicaron que los precios incluían los gastos de... la extorsión, en beneficio de los funcionarios locales”.

Corrupción sistemática

La apertura de la frontera polaca ha empezado a generar pérdidas considerables a los establecimientos rusos. Hasta el punto de que, como informa el portal de noticias Kaliningrad.ru, el gobernador Nikolai Tsukanov recientemente preguntó a sus ministros si la diferencia del precio de una misma salchicha en una parte y otra de la frontera estaba justificada. La respuesta fue un tanto breve y ponía en duda los márgenes excesivos de la gran distribución.

La corrupción es un problema sistemático en Rusia. Y no se trata del crimen organizado en el sentido occidental del término. Ya incluso en la Rusia de los zares, existía el sistema universalmente aceptado de los sobornos. El funcionario del Estado tan sólo recibía un sueldo modesto, porque según una norma no escrita, lo completaría con cantidades recibidas "bajo cuerda".

Puesto que los suecos son intolerables con la corrupción, Ikea tardó varios años en finalizar un contrato para la construcción de uno de sus establecimientos en Moscú, debido a su negativa a pagar una gran suma de dinero exigida “bajo cuerda”.

Toda Rusia sufre una extorsión de fondos organizada. Los habitantes de Kaliningrado se encuentran en una situación muy particular: pueden hacer sus compras más baratas en el lado polaco de la frontera. Los beneficios son para las empresas polacas. No se dispone de datos precisos, pero se estima que cada mes, el enclave pierde hasta 20 millones de euros que salen hacia Polonia.