En el momento de la redacción de este artículo, aún no se había resuelto la ecuación del futuro Gobierno de Sofía, después del resultado indeciso de las elecciones del 12 de mayo. Pero lo que estaba en juego era de vital importancia, no sólo para nuestros vecinos del sur del Danubio, sino para el conjunto de la UE.

Porque, efectivamente, las elecciones legislativas anticipadas búlgaras también han constituido una especie de ensayo general de las próximas elecciones europeas. Y en cualquier caso, lo que está en juego es de extrema importancia para la configuración futura de la asamblea que decidirá el futuro de la Unión Europea.

Intensidad de las negociaciones

Las elecciones de 2014 al Parlamento Europeo presentan una novedad para los ciudadanos de la Unión: por primera vez, los grandes grupos políticos propondrán a los candidatos a la presidencia de la Comisión Europea (CE). Se trata de las primeras elecciones después del tratado de Lisboa, un documento que confiere más poderes a la asamblea legislativa de Bruselas y Estrasburgo. Los efectos ya se han notado, por ejemplo, en la mayor intensidad de las negociaciones entre el Parlamento y el Consejo sobre distintos asuntos, de los cuales el más mediatizado quizás haya sido el del presupuesto 2014-2020.

La función principal en el nombramiento del jefe de la Comisión la sigue desempeñando el Consejo Europeo. Pero éste debe tomar la decisión en función del resultado de las elecciones al Parlamento Europeo. De lo contrario, el candidato propuesto por el Consejo podría no obtener la mayoría obligatoria entre los eurodiputados.

Por ello es importante saber quién ocupará el escaño de Bulgaria en el Consejo Europeo, pues, al contrario que en Rumanía, a los búlgaros les representa el primer ministro y no el presidente aunque, al igual que en nuestro país, éste se elija por sufragio universal. Así pues ¿qué familia política [europea] dispondrá del voto de Bulgaria en este Consejo que propondrá el nombre del presidente de la Comisión?

Guerra de las urnas

De momento, la balanza parece inclinarse a favor de los socialistas, ya que el presidente del Parlamento de Sofía [Mihail Mikov] acaba de ser elegido entre sus filas. Por lo tanto, podríamos prever una mayoría parlamentaria articulada alrededor de los socialistas de Sergei Stanishev, aunque no nos debemos adelantar a los acontecimientos. No obstante, no hay que olvidar que Stanishev es también líder de los socialistas europeos [presidente del PSE, el Partido Socialista Europeo].

Y precisamente por este motivo, los socialistas se juegan mucho. Se comenta incluso que la candidatura a la presidencia de la Comisión del alemán Martin Schulz, presidente del Parlamento Europeo y antiguo líder del grupo de Alianza Progresista de los Socialistas y Demócratas (S&D), se lanzará en Sofía. Pero a los socialistas como es evidente les interesa organizar sus festejos allí donde sus colegas salgan victoriosos y no donde sean los vencidos.

Efectivamente, los socialistas búlgaros no han ganado la batalla de las urnas. (Sólo han obtenido el 27% de los votos, tres puntos menos que el partido del ex primer ministro Boiko Borissov, que dimitió a principios de año. Por lo tanto, Stanishev está casi obligado a conseguir la paz, es decir, las negociaciones para la formación de un Gobierno.

Un juego político específico

No obstante, cabe destacar que, si para Martin Schulz las elecciones búlgaras y su desenlace son importantes, las elecciones en su país, Alemania, lo son mucho más. Porque será prácticamente imposible que el jefe de fila de los eurodiputados socialistas sea propuesto para la presidencia de la Comisión si su partido no forma parte de la coalición gubernamental en su propio país. (Y tal y como se presenta la situación, difícilmente podemos prever que el SPD gane fácilmente las elecciones en Alemania.)

También se plantea una cuestión importante para Bucarest, relacionada evidentemente con el año electoral 2014. Un año de elecciones al Parlamento Europeo y de elecciones presidenciales. De aquí a entonces podría convocarse en otoño un referéndum para cambiar la Constitución.

La crisis política rumana del verano de 2012 ha demostrado hasta qué punto la Comisión Europea influía en el juego político interno, por lo que al final, las facciones que se enfrentan en Bucarest no se muestran indiferentes ante quién ocupará su presidencia.