Se puede reprochar a los británicos y a los franceses que recurren un tanto rápido a la opción militar cuando se produce un conflicto armado en el mundo. Pero también hay que reconocer que están dispuestos a tomar una decisión cuando ya no quieren ser testigos pasivos de crímenes de guerra, como sucede actualmente en Siria. Al contrario que el ministro de Exteriores alemán, Guido Westerwelle, que hace un llamamiento al orden, lanza advertencias y se alarma sin cesar.

Pero, si bien las posiciones europeas divergen sobre si es necesario o no armar a los rebeldes sirios, es cierto que coinciden en otro punto: Europa ya no toma partido tan claramente por los insurgentes como hacía al principio. Los ministros de Exteriores europeos se enfrentan a dos momentos cruciales en el conflicto sirio. La injerencia directa de la milicia Hezbolá libanesa en el conflicto, una intromisión con la que corre el riesgo de extenderse la guerra civil, y el creciente poder de los grupos yihadistas e islamistas entre los rebeldes.

La idea de que esos combatientes barbudos que blanden banderas negras puedan asumir el mando tras la caída del régimen de Bachar el Asad cada vez incomoda más a Occidente. Se extiende el temor de que los grupos actualmente dominantes dentro de la resistencia siria hagan poco caso a la democracia y al respeto de las minorías.

La ilusión de permanecer de brazos cruzados

Por este motivo, se entendería por qué desean que se celebre una conferencia internacional sobre Siria. Desde el principio, la estrategia de Occidente sobre el asunto sirio ha consistido en mantenerse al margen. Una elección que parecía conveniente, aunque entonces existía el convencimiento de que los días de Bachar el Asad estaban contados.

Mientras, tanto los europeos como los estadounidenses comprendieron que Bachar el Asad contaba aún con bastantes apoyos: los alauitas, de los que él mismo forma parte; la minoría cristiana, que no confía en los sunitas; así como los partidarios y los beneficiarios del sistema y del partido Baaz en el poder. En total, los apoyos del régimen representan cerca de un tercio de la población.

Sin embargo, mantener las distancias ha dejado de ser una opción para los europeos, porque esta estrategia hasta ahora sólo ha beneficiado al régimen de Bachar el Asad. Es iluso creer que no se nos acusará de culpables si nos quedamos con los brazos cruzados. Los sirios también harán responsable a Occidente de la muerte de los más de 70.000 sirios que han perdido la vida en los últimos dos años.