China desafía a la Unión Europea. Va a poner a prueba la capacidad de los 27 para mantener la única verdadera política común existente: la política comercial. Como entidad singular en el ámbito internacional, Europa sólo existe en una dimensión: la comercial. ¿Los europeos también van a rendirse en este sentido?

Lo que está en juego es importante. La prueba se desarrolla en un sector que afecta a las industrias del futuro: la energía fotovoltaica. El comisario europeo de Comercio, el belga Karel De Gucht, sospecha que los empresarios chinos del sector están aplicando técnicas de fijación de precios predatorios o "dumping" masivo. Por ello quiere introducir de aquí al 5 de junio un derecho de aduana provisional del 47% de media sobre los paneles solares chinos. Con ello pretende defender a los fabricantes europeos del sector. Alrededor de 25.000 empleos estarían amenazados por las prácticas comerciales desleales de los competidores chinos.

En contra de la competencia subvencionada

De Gucht es un hombre valiente. Su historial es de lo más sólido. El comisario, jurista de profesión, lo único que hace es seguir los pasos de los estadounidenses. Hartos de enfrentarse a los competidores subvencionados, Estados Unidos aplicó en la primavera de 2012 un impuesto del 31% al 250% a los paneles solares chinos importados.

El asunto no es tan sencillo como parece. En Europa, la industria de los paneles solares ya se encuentra en gran parte en declive. Los que mantienen el control son las empresas europeas que instalan los dispositivos solares. A estas empresas les interesa disponer de paneles de bajo precio, es decir, chinos...

Esto explica en parte la oposición de unos 17 miembros de la UE ante la ofensiva de De Gucht. Y están liderados por Alemania, ya que China constituye su tercer socio comercial. Una Alemania que destina cerca de dos tercios de su excedente comercial fuera de Europa, sobre todo a Asia, y en particular a China.

“Bárbaros” actuando de forma dispersa

Berlín no quiere entablar por nada del mundo una guerra comercial con Pekín: los exportadores del otro lado del Rin temen perder el mercado chino. Para ellos, este mercado es más importante que la unidad de los europeos. Por ello, durante la visita de su homólogo chino Li Keqiang, la canciller Angela Merkel rechazó esta semana el proyecto del impuesto de la Comisión de Bruselas y propuso una negociación con Pekín.

Algunos de los argumentos de los europeos que se oponen a la iniciativa de De Gucht sin duda son admisibles. Pero su método es absurdo y contraproducente. Desde este punto de vista, el ejemplo que ha dado Merkel es catastrófico. Porque no hay nada que les guste más a los chinos que ver a los "bárbaros" actuando de forma dispersa. En las relaciones comerciales, al igual que en otros ámbitos, China sabe aprovecharse de la falta de unión de los europeos. Cuenta con los medios para presionar a Alemania y para que Berlín arrastre al resto de la Unión.

La estrategia que deberían haber adoptado el conjunto de los europeos habría consistido en apoyar colectivamente la iniciativa de De Gucht para ocupar una posición fuerte al negociar con China. En definitiva, haber actuado como Estados Unidos y no, una vez más, como la parte débil del comercio internacional.