Elena Barcia Fernández, originaria de Mallorca, tenía 20 años cuando la Unión Europea conoció su primera oleada de crisis. En ese momento, en 2008, se denominaba crisis financiera. Dos años más tarde, se empezó a hablar de crisis económica. Hoy Elena va más allá: es una crisis de vida. Ya no se tiene nada, ni trabajo, ni dinero, ni perspectivas.

Uno de cada dos jóvenes españoles con edades comprendidas entre los 18 y los 30 años está en paro. Todos los que tienen trabajo tiemblan ante la idea de no tenerlo mañana. El número de desempleados ha superado los 6 millones, algo jamás visto en la historia del país. "En comparación con España, Polonia es un país próspero", asegura Elena.

Cuenta cómo los jóvenes españoles que han salido del país han dejado de creer en los políticos. ¿Cómo podrían seguir haciéndolo? ¿No había prometido el Partido Popular (en el poder), antes de las elecciones, la creación de 3,5 millones de empleos? Ahora, el Gobierno reconoce que de aquí a finales de su mandato en 2015, no podrá crear ni uno solo.

En todos los países de Europa del Sur se vive la misma situación: en Portugal, en Italia, en Grecia y en Chipre. Todos los sectores económicos despiden a empleados y los jóvenes tienen grandes dificultades para adentrarse en un mercado laboral saturado. Los jóvenes españoles e italianos están empezando a quitarse los tatuajes: parece que los candidatos sin este tipo de adornos visibles en la piel tienen más posibilidades de lograr un contrato.

Los más valientes y resueltos salen del país. En la mayoría de los casos, se marchan a los países del norte de la Unión: Alemania, Austria, Países Bajos, Bélgica, Inglaterra, donde el desempleo registra los niveles más bajos. La situación también se considera buena en Malta y Luxemburgo. Y también es el caso de Polonia.

Polonia: mi casa

"Polonia ofrece un potencial enorme. Sin duda, la situación del mercado laboral es mejor que en España", declara Oscar Charro, de 35 años, que llegó a Polonia hace un año, tras reflexionar mucho. Oscar quería crear su propio negocio, pero en España era una opción con poco futuro, mientras una docena de pequeñas y medianas empresas echaban el cierre cada día. Por ello decidió hacerlo en un país con un desarrollo más dinámico. Eligió Polonia "porque aquí se puede emprender libremente. Varsovia es una auténtica capital europea. Aquí, tengo la impresión de estar en el lugar correcto y en el momento idóneo", explica. Oscar fundó y dirige una empresa en el sector de la energía solar. "Pienso seriamente en quedarme en Polonia y triunfar en este país".

Diego Garea, especialista en informática, de 32 años, se mudó a Varsovia el pasado mes de agosto. Visitó Polonia durante la Eurocopa de 2012. Cuando regresó, se enteró de que en su empresa se iba a producir una oleada de supresiones de puestos de trabajo, entre ellos el suyo. Entonces se le ocurrió la idea de buscar trabajo en Polonia. Envió su currículum a distintas empresas por todo el país. Y tuvo éxito. El pasado mes de septiembre le contrató una pequeña empresa especializada en diseño digital. Su pareja, que no ha encontrado trabajo en España, se unirá a él en un mes. Al principio ocupará un puesto de native speaker. Quizás también vengan sus amigos. Entonces se podrán plantear abrir un bar español.

"Para nosotros, encontrar empleo en Polonia es una gran alegría. Queremos vivir y cubrir nuestras necesidades, sentirnos responsables, tener nuestras obligaciones y nuestros gastos. Queremos ser independientes", explica Inés Ribas Garau, una joven de 25 años, originaria del sur de España. "Gracias al trabajo, podemos convertirnos en adultos", afirma. Inés considera que trabajar no es sólo una cuestión económica, sino también psicológica. El desempleo entumece a las personas mentalmente, paraliza su desarrollo social y afectivo.

Cuando Moisés Delgado se instaló en Polonia, hace una decena de años, sus amigos españoles se quedaron sorprendidos. Moisés, al igual que Inés y Elena, llegó al país en el marco del programa Erasmus. Le encantó el país. Aprendió polaco y encontró un trabajo en su profesión. Después de todos estos años, está feliz: "Hice bien al venirme a vivir a Polonia. Soy filólogo de formación y logré encontrar un empleo en el sector de la edición", comenta con alegría.

Infinidad de candidaturas

A las empresas polacas se les abren los ojos como platos: a sus oficinas llegan infinidad de candidaturas procedentes de Europa Occidental y sobre todo de los países mediterráneos en crisis. Los candidatos extranjeros aspiran en concreto a puestos de ingenieros y de gestores. En su mayoría son jóvenes, con poca experiencia, pero bien formados. También hay candidaturas de directivos de grandes empresas internacionales. La crisis produjo el hundimiento del sector de la construcción; la demanda de los arquitectos en España disminuyó un 90%. Los estudios de arquitectos polacos están asediados.

En los último año se ha multiplicado la cantidad de occidentales que busca un empleo en Polonia. No es sorprendente: en Polonia, la tasa de paro entre los jóvenes de 25 a 35 años es únicamente del 10,5%, no mucho más que el índice británico (de sólo el 8%).

En ciudades como Cracovia, Posnania, Breslavia, Gdansk, cada vez se escucha más hablar en español. "Por las noches, hay al menos veinte españoles en el bar", explica el empleado de un bar de la capital. Brindan por su éxito profesional, porque muchos de ellos han encontrado por fin un trabajo. Ganan menos que en Europa occidental, pero la vida aquí es mucho más barata. E igualmente divertida.

"Pensamos realmente en echar raíces aquí. Europa del Este es una terra incognita para nosotros. La descubrimos al mismo tiempo que nos divertimos. Hemos aprendido incluso a combatir la resaca con pepinillos en salmuera. Los polacos nos han acogido con mucha amabilidad. ¡Os queremos!", grita Rodrigo, ofreciendo a sus amigos españoles una ronda de vodka polaco con nuez. Los españoles levantan el vaso gritando "na żdrowje!" (¡salud!).